Repunte de calor
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La primavera ya ha superado su ecuador y los primeros episodios de altas temperaturas nos recuerdan que el verano está a punto de llegar. Este 2012 está siendo un año curioso a nivel meteorológico: un enero excesivamente suave seguido de un principio de febrero gélido y con temperaturas frías de récord, con varias noches de heladas seguidas; pasado este trance, el buen tiempo volvió a estabilizarse y entró a formar parte el viento, con fuertes rachas de poniente alternándose con otras tantas de levante que han sido la tónica habitual desde finales de marzo hasta casi principios de mayo. Este periodo ha sido menos caluroso que el respectivo al año pasado, con una subida de temperaturas más pausada.
La segunda semana de este mes ha tenido como protagonista un calor que ha ido en incremento, alcanzando por el momento su tope el pasado domingo día 13, en el que el termómetro llegó a superar la barrera de los 35ºC. En la naturaleza, el paso migratorio de las aves da sus últimos coletazos, habiendo perdido ya el protagonismo los paserines y dejando como testigos a los limícolas que aprovecharán estos primeros días de mes, en los que se están inundando los arrozales para comenzar su cultivo.
Las otras migratorias, nuestras reproductoras, marcan el territorio con sus cantos o se dejan oír con insistencia en sus respectivos hábitats. Los carriceros tordales y comunes inundan con su voz las zonas palustres, mientras que en las arboledas se escuchan ya los silbidos de los papamoscas grises. En todas partes, los gritos de los vencejos comunes y pálidos se han convertido ya en la banda sonora habitual.
Pero donde más se ha notado este paso adelante ha sido entre las aves acuáticas: ya podemos ver a patos, calamones y pollas de agua con sus pollitos, y las limícolas y larolimícolas como avocetas, chorlitejos, cigüeñuelas, canasteras, charranes y charrancitos comienzan a incubar las primeras puestas del año. Otras aves se afanarán en buscar comida para sus retoños, y así, tenemos citas curiosas como mochuelos a plena luz del día o chovas piquirrojas que bajan desde las cumbres a buscar algo que picotear en los recién inundados arrozales. Fringílidos como los verdecillos, verderones y jilgueros merodean ya por la huerta y el monte acompañados de los primeros pollos de este año.
Si bien este año el paso prenupcial ha sido algo flojo y hasta se podría decir que decepcionante, quizá por culpa del viento, en las siguientes semanas lo que nos dará ánimos en este mundo de la ornitología será comprobar qué aves están criando en nuestra zona esta temporada. Por el momento, me he reencontrado con alguno de los zarceros que observé cantando en El Dosel (Cullera) en estas mismas fechas hace un año, y en el mismo lugar, se dejaba escuchar el canto del triguero, otra especie migratoria y de fácil adaptabilidad con posibilidades de reproducirse en nuestro terreno, y que hará que curiosee de nuevo por la zona en su búsqueda. A las golondrinas dáuricas las he oído en varias ocasiones por El Cabeçol, pero todavía no he logrado establecer contacto visual con ellas.
Vuelve pues la época en la que la naturaleza nos obligará a llevar pantalones cortos, proteger nuestra cabeza del sol y nuestra piel de los mosquitos, que empezarán a eclosionar a millares tan pronto como toda l'Albufera y los marjales al sur del Xúquer queden inundados al completo, dibujando un enorme espejo de centenares de hectáreas. Y las aves, con sus mejores galas nupciales, comenzarán su periodo más frenético del año.
Una de paisajes: subida al Montdúver
El pasado domingo 6 de mayo tuve la oportunidad de acercarme con la familia a un rincón de la comarca de La Safor muy conocido entre los senderistas: el Montdúver, una elevación de 841 msnm que queda entre los términos de Barx, Xeraco y, en el caso de la cima, Xeresa, y al cual se puede acceder a pie con relativa facilidad -en nuestro caso, desde La Drova, pedanía de Barx-, pues gran parte de la subida es un camino asfaltado que posteriormente pasa a estar pavimentado con hormigón, necesario para el acceso de vehículos a motor utilizados en el mantenimiento de la estación de repetidores de radio y televisión que se ubica en su cima y que dan a este monte su imagen característica.
Desde lo alto de la cima, uno puede observar los más variopintos paisajes de La Safor, con sus valles y sierras, así como las vecinas comarcas de La Costera, La Marina Alta, La Ribera Alta y la Baixa e incluso l'Horta Sud. El día no era demasiado claro: hubo nubes, llegó a chispear cuando ya habíamos vuelto a descender al valle y a la llegada a Cullera los charcos servían de muestra de que había caído un chaparrón esa tarde. No obstante, se podía ver desde allí arriba el destello de l'Albufera y la mancha oscura al este del lago que forma el bosque de La Devesa. Más impactante todavía resulta, cuando fijamos nuestra vista en el horizonte del Mediterráneo, el hecho de que podamos vislumbrar las montañas de la isla de Ibiza.
A la bajada, nos dirigimos a comer a Plà de Corrals, pedanía de Simat de la Valldigna que se encuentra en un agradable rincón a los pies de la Serra de Buixcarró. Allí bullían en plena actividad los aviones comunes, con sus nidos en las cornisas, y las golondrinas, que disponen de varios establos y patios abiertos donde construir sus nidos. Además, cuentan con una superficie húmeda encharcada por el agua de una fuente, donde se acumulan los insectos que les sirven de sustento. Por los alrededores, los mirlos y ruiseñores cantaban en las huertas de naranjos y las borrajas (Borago officinalis) crecían por doquier como una hierba más, detalle que me llamó la atención puesto que aquí en La Ribera Baixa no la he visto hasta hace poco, siendo su pariente la viborera (Echium coincyanum) la que ocupa su lugar.
En resumen, una agradable manera de pasar el domingo con nuestra gente y nuestros parajes, a la vez que hacemos algo de ejercicio físico, necesario para contrarrestar nuestro ritmo de vida, y un poco de ejercicio mental tratando de reconocer a los animales y plantas que pueblan los montes vecinos. La primavera da un avance
Parece que la primavera empieza a tomar un ritmo más normal del que estaba llevando hasta ahora, aunque con un inevitable retraso respecto a temporadas pasadas. Con casi un mes de diferencia respecto al año pasado, en estos días han empezado a llegar algunos túrdidos, papamoscas, bisbitas y sílvidos. Por norma general, este paso suele abarcar desde mediados de marzo hasta la primera quincena de mayo, pero la meteorología de este inicio de primavera ha sido más adversa de lo habitual, con fuertes rachas de viento de poniente soplando durante casi dos semanas seguidas y volviendo a aparecer en ocasiones puntuales.
La jornada desarrollada el pasado viernes día 27 de abril en el Tancat de Milia fue algo más floja de lo esperado, si bien hubo capturas muy interesantes. Ya se registró la llegada habitual de aves como los carriceros, con capturas de las especies nidificantes -carriceros común y tordal- y de migrantes frecuentes como el carricerín común (Acrocephalus schoenobaenus). Sólo otras dos aves migratorias completaron la lista de visitantes: sendas hembras de tarabilla norteña (Saxicola rubetra) y curruca zarcera (Sylvia communis). El resto, aves residentes tan conocidas como buitrones, ruiseñores bastardos, gorriones comunes y un curioso mirlo común con leucismo parcial.
En total, 17 capturas de las cuales dos correspondieron a recuperaciones, ambas pertenecientes a carriceros tordales, interesante dato que nos mostrará la fidelidad de estas aves a la hora de volver a este enclave de l'Albufera. Ahora, con mayo ya estrenado, habrá que estar atento a aquellos días en los que la meteorología y la cantidad de paso migratorio nos sean más propicios para poder aprovechar los últimos días de esta extraña pero curiosa entrada de la primavera. Convierte el parque natural en tu circuito privado
Hace ya meses que vengo viendo algo que no me gusta en una zona del Parque Natural de l'Albufera, sobre lo que me he estado conteniendo bastante y no había escrito nada hasta ahora, pero es que actualmente ya llega a un punto lamentable.
Desde el año pasado, frecuento la zona de El Cabeçol bastante, casi semanalmente. Cuando terminó el verano, a finales de septiembre pasado, me encontré que en muchas de las sendas de la colina que queda a mano izquierda de la carretera del restaurante y el campo de tiro la tierra había sido removida, había marcas de ruedas de moto y bicicleta y, ya para terminar de confirmarlo, rampas hechas con maderas dejadas por allí. En principio creí que fue cosa del verano, de algún grupo de irresponsables puntual que se dedicó a usar este monte como pista de cross particular durante las vacaciones, pero nada de eso.
Desde entonces, sea el día que sea, cuando voy allí siempre me encuentro a un grupo de jóvenes con sus bicicletas de cross. Correcto, la bicicleta es menos dañina para el suelo que una moto, pero no resulta así con sus propietarios. Hoy he descubierto la gota que colma el vaso: han removido tierra y acondicionado parte de las sendas cercanas al bosquecillo de pinos vallado que se encuentra a media altura, excavando sobre éstas y ampliándolas, con lo que habrán destrozado buena parte de la vegetación de matorral que allí crece. Más adelante, como se ve en el vídeo -que muestra sólo una pequeña parte de las “obras”-, han acumulado tierra y serrado troncos de pino para hacer un par de rampas y comunicar esta senda con el ya existente circuito de motocross, ya clausurado.
Porque claro, esa es otra. El Cabeçol ya dispone de un circuito de motocross, hoy en desuso debido a que se encuentra en una zona protegida. Dentro de lo malo, sería menos dañino que utilizaran esta pista, ya existente, y por la que Cullera o el parque tampoco se han preocupado mucho de remover o reacondicionar para que el monte vuelva a naturalizarse, pero eso es otra historia. Con los años, y con gente con dos dedos de frente, las pistas volverían a ser engullidas por el monte, pero esto no será así mientras los aficionados sigan acudiendo cada fin de semana a practicar su deporte favorito.
Pues no. Se ve que a estos personajes se les quedaba corto el circuito y han decidido manipular impunemente el entorno natural para ajustarlo a su gusto. Entiendo que el parque es muy grande y quizá no haya presupuesto suficiente como para que el personal encargado de la vigilancia y seguridad de éste cubra con efectividad todos los rincones, pero me parece excesivo que en ocho meses, nada menos, y con esta gente prácticamente a diario removiendo tierra y usando el improvisado circuito con sus bicicletas, nadie haya ido a darles un toque de atención. Mi intención desde esta entrada es denunciarlo públicamente y que alguien haga algo antes de que se vaya de las manos. Bastaría con poner una señal de prohibición y un par de visitas del SEPRONA con la intención de pillar a estos irresponsables con las manos en la masa.
El Cabeçol es, dentro del parque natural, un enclave exclusivo. Es, junto a la Muntanyeta dels Sants, la única zona de monte y pedregal, por lo que tiene una fauna y flora únicos en el parque. Aves forestales como el reyezuelo listado. el chochín o el agateador común crían aquí y algunos sólo lo hacen en esta zona del parque. Plantas endémicas de nuestra región, como la cebeta de Sant Jaume (Urginea undulata ssp. caeculi) y otras tantas especies escasas de bulbosas y orquídeas han sido arrancadas en los puntos donde se ha removido la tierra, pues censé algunos ejemplares en la zona.
Hacer estas cosas es, a todas luces, ilegal y sancionable, aunque algunos no lo entiendan. Somos un país donde no forma parte de la cultura popular el respeto por la naturaleza, donde un paisaje natural incita más a practicar actividades dañinas para el medio por pura diversión antes que contemplar su belleza y sentirse afortunados por ello. Podría ser peor, por supuesto, y estar invadido de quads, motos y todoterrenos como en ocurre en otras zonas del país. Digo podría no como suposición, sino como una realidad tan cercana que depende de que se corra la voz y la gente siga acudiendo a esta zona con la tranquilidad de no saber que está degradando un terreno protegido. Un visitante inesperado
Hoy he estado en los montes de Cullera, concretamente en El Cabeçol y en lo alto de la Serra de les Raboses. Como es de esperar para estas fechas, cantan con intensidad varias especies residentes y migratorias como los reyezuelos listados, las currucas cabecinegras y capirotadas, los carboneros y algún ruiseñor -a los cuales ya oí hace más de dos semanas en Riola, siendo de los más puntuales-, y han desaparecido todas las aves invernantes, como mosquiteros, colirrojos tizones o pinzones. Estarán por llegar los papamoscas, tanto los grises, nidificantes, como los cerrojiillos, que sólo estarán de paso. Se echan de menos, sin embargo, a otras especies y, en general, mayor movimiento de aves. De hecho, incluso parece que escasean las golondrinas, aviones y vencejos, que para estas fechas suelen llenar nuestros cielos de manera patente.
El ave que he visto hoy no es para nada extraña, pero en nuestra zona se podría considerar toda una rareza. A los pies del Cabeçol, en el Camí del Segon Collao, me he detenido un instante para echar un vistazo en una pequeña explanada. Nada más hacerlo, llegaba a mis oídos un ronco e insistente graznido. Pronto he caído en que se trataba de un cuervo (Corvus corax), pero inmediantemente me ha invadido la confusión, pues no es nada frecuente observar a esta especie aquí.
Efectivamente, al observar una de las torres eléctricas, se confirmaba la sospecha. Un ejemplar de cuervo que, no entiendo muy bien por qué, se dedicaba a graznar desde lo alto. He ido acercándome poco a poco para intentar obtener una fotografía decente, aunque fuese testimonial, y más o menos lo he conseguido antes de que el ave echase a volar y se detuviera en la siguiente torre eléctrica. La abultada mandíbula superior, la cola cónica y la grave voz despejaban la duda sobre la posible confusión con una corneja negra.
Al parecer se trataría de la segunda cita reciente en el área de l'Albufera para la especie, después de otra acaecida en 2007. Me ha resultado bastante curioso que se produzca en esta época, pues me hubiera parecido más probable que ocurriese en verano u otoño, con algún ave joven errática. El cuervo, a pesar de tener una distribución muy amplia y ser frecuente en la Península Ibérica, queda recluido a zonas más interiores y de mayor altitud, encontrándose en la Comunidad Valenciana sólo en dichos enclaves. Sin duda la de hoy ha sido otra de esas observaciones anecdóticas que podremos rememorar en el futuro, entre otras curiosidades ornitológicas de l'Albufera. |










