Nuestro segundo bisbita de Richard
| Notas naturales - Grupo GOTUR - Anillamiento científico de aves |
Hoy Pedro Marín y yo nos hemos acercado al Dosel con la intención de localizar a los bisbitas de Richard y probar suerte con ellos, como ya hiciéramos la temporada pasada, en enero de este mismo año, ocasión que nos premió con la captura de un ejemplar hembra joven. Hoy la cosa no parecía pintar tan bien.
Quedaba poco más de una hora para que cayese la noche y al llegar a la zona habitual donde se vienen citando las aves, allí no había nada. Pero nada de nada, ni siquiera los siempre presentes bisbitas comunes, tarabillas y aviones roqueros. Nos hemos dado una vuelta por el resto de huertas abandonadas y la actividad de las aves era relativamente baja. Parece ser que habría que volverse a casa al anochecer sin sacar siquiera los bártulos de anillamiento.
Dando una vuelta final por un camino que sale a las dunas, y después de localizar un pequeño bando de correlimos tridáctilos, nos decidíamos a volver hacia los coches por el camino que atraviesa el prado donde solemos ver a los bisbitas. Y mira por dónde, ha sido poner un pie en la vereda y oír a uno de ellos lanzando al viento su reclamo. No fallan: su fidelidad por esta explanada llega a puntos insospechados, y a pocos minutos del anochecer allí estaban. Sí, en plural: tras el primer ejemplar, ha salido otro, y la verdad es que durante el rato que han estado revoloteando a ras de suelo y tirándose entre la vegetación, hemos llegado a sospechar si no serían en realidad tres ejemplares.
Apurando el tiempo al máximo, hemos realizado los preparativos pertinentes y hemos logrado capturar a un ejemplar cuando ya dábamos por perdida la posibilidad. La alegría, como es de suponer, ha sido enorme. No todos los días se tiene la oportunidad de anillar a esta especie procedente de las estepas asiáticas y que parece que ha encontrado en Cullera una estancia donde pasar los inviernos.
El ejemplar presentaba una muda completa, con el plumaje muy igualado, con lo que nos encontrábamos ante un adulto. Por biometría alar hemos determinado que se trataba de un macho. El ave mostraba un estado de salud excelente, con buenas reservas de grasa y una musculatura prominente. Impresionan además las larguísimas uñas posteriores, típicas de un ave terrestre como esta. No existe ningún bisbita europeo tan grande como el richardi, a pesar de su leve parecido con el campestris.
Actividades como la de hoy nos ayudarán a conocer mejor a estas grandes viajeras que han elegido nuestra región para pasar el invierno, dato realmente interesante teniendo en cuenta que hasta hace cuatro años la especie estaba catalogada como rareza en España.
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