Garcilla bueyera (Bubulcus ibis)
| Especies de aves - Residentes y estivales |
La garcilla bueyera es una de esas aves que se ha especializado en llegar allá donde encuentre alimento, expandirse y convertirse en un ave común a lo largo de todo el globo. No en vano habita en todos los continentes, excepto en la Antártida, obviamente. El nombre le viene de la costumbre de subirse en el lomo del ganado (o de mamíferos herbívoros salvajes si los hubiere) usándolos tanto de atalaya como de despensa de parásitos y demás insectos.
En nuestra región, la garcilla bueyera vive ligada casi siempre al medio acuático, aunque cuando hablamos de la Ribera Baixa se puede omitir este detalle ya que no hay zona por la que no discurra un canal o acequia, o que quede cerca del río o del marjal. Esto es, que la gran mayoría de garcillas bueyeras las encontramos en el arrozal encharcado, en las proximidades del río, en la huerta de regadío o en zonas más antropizadas: es muy habitual encontrarlas picoteando entre el césped en las rotondas de entrada a Cullera, por ejemplo. También la podemos ver en campos de hortalizas o incluso en establos y cuadras, siempre al acecho de los insectos, pilar fundamental de su dieta.
Tiene esta ave en l'Albufera un importantísimo núcleo de cría, que con más de 3.500 parejas reproductoras constituye el más grande de todas las ardeidas que crían en las matas de la laguna, incluso por delante de la también abundante garceta común (Egretta garzetta). Realizan hasta dos puestas durante la primavera y verano, dando lugar a un incremento notable de la población que se dispersa por toda la costa mediterránea. Además, en invierno recibimos invernantes procedentes de zonas más frías, como ocurre con otras muchas especies de garza.
Se trata de un ave de tamaño medio-pequeño, de aproximadamente medio metro de largo y poco menos de uno de envergadura. Tiene el pico relativamente algo más corto que otras garzas, y muy ligeramente curvado hacia abajo. Su característica más llamativa es el cambio de plumaje que sufre en la época de cría, no tan acusado como en otras especies de aves, pero muy evidente a simple vista. Sobre la cabeza, pecho y espalda, a las garcillas bueyeras, tanto machos como hembras, les crecen unos penachos de plumas de color pardo-anaranjado.
Taxonómicamente, la garcilla bueyera es la única del género Bubulcus, aunque está más estrechamente relacionada con las garzas del género Ardea que con las garcetas pertenecientes a Egretta. Existe una gran diferencia entre las poblaciones orientales y occidentales, y es que la garcilla bueyera oriental (Bubulcus ibis coromandus) tiene en época nupcial las mejillas, garganta y cuello del mismo color anaranjado de los penachos, aunque más intenso, así como las patas rojas (en la nominal son amarillas-pardas-negras), pico también rojizo y el parche de piel entre éste y el ojo, de color azul (en la nominal es amarillo-rosado). Existe una tercera subespecie, la seychellarum, similar a la nominal pero más pequeña y con tonos anaranjados más intensos como en la coromandus; como su nombre indica, habita en las islas Seychelles.
En nuestra zona, he detectado a menudo ejemplares que poseían unos tonos algo más subidos. El motivo lo desconozco, quizá se deba a la alimentación -en nuestra zona abunda el cangrejo americano (Procambarus clarkii), que sirve de sustento a muchas acuáticas- pero las garcillas bueyeras que lo poseen tienen unos tonos más marrones que anaranjados, y habitualmente presentan todo el cuello pigmentado; lejos de parecerse al aspecto de la subespecie coromandus, las aves con esta tonalidad parecen sucias. En la foto se puede observar un ejemplar con dicho pigmento.
La clasificación taxonómica para esta ave es:
Orden: Ciconiiformes
Familia: Ardeidae
Subfamilia: Ardeinae
Género: Bubulcus
Especie: Bubulcus ibis (Linneo, 1758 / Bonaparte, 1855 )
Subespecies: Existen tres, siendo las aves que observamos en esta zona las de la subespecie nominal, ibis.
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