El Morell y GOTUR celebran el Día de los Humedales en Gandía
| Notas naturales - Grupo GOTUR - Anillamiento científico de aves |
A mediados de semana recibí la propuesta de Alberto Martín, de la Associació Ornitològica de La Safor “El Morell”, de colaborar en una jornada dedicada a la celebración del Día Internacional de los Humedales que se iba a realizar en el CEHUM (Centro Español de Humedales) de la Marjal de Gandía. Acepté encantado, y así fue como hice mi primera actividad en representación de GOTUR, que se celebró el viernes 3 de febrero.
La reserva gandiense consiste en un ullal restaurado rodeado de jardines y árboles, con paseos de madera, bancos y, hasta hace poco, un observatorio que desgraciadamente ha sido pasto del vandalismo. La zona se encuentra enclavada entre cultivos de cítricos y se accede a través de un centro de interpretación (Aula Natura) que cuenta con la infraestructura necesaria para dar charlas divulgativas, acompañado de un jardín temático con plantas típicas de la región (Lavandula, Viburnum, Helichrysum...). Las aves del ullal eran, en su mayoría, fochas, pollas de agua, ánades reales e incluso algún alóctono como el pato almizclero (Cairina moschata).
Dispusimos tres redes, dos en batería para realizar a cabo la sesión de captura y anillamiento, y una más expuesta que serviría para explicar su funcionamiento a los niños del colegio “Las Colinas” de Real de Gandía, nuestros invitados. Iniciamos la jornada con una breve charla sobre la importancia de las zonas húmedas y el funcionamiento del anillamiento científico de aves, para posteriormente pasar al trabajo de campo.
Las capturas fueron contenidas pero lo suficientemente variadas como para que los niños disfrutasen de lo lindo admirando la diversidad de formas y colores de las aves típicas de las zonas rurales. Carboneros comunes, mosquiteros, currucas capirotadas, un gorrión y un acentor común levantaron la expectación de los pequeños, que se dejaron sorprender con cosas tan curiosas como el escaso tamaño y peso de los mosquiteros o los brillantes colores de los carboneros, e incluso de la poca timidez de los petirrojos que se posaban cerca de nosotros a lo largo de la mañana.
Sin duda fue una experiencia de lo más positiva y que debería ser algo común en nuestros días, pues la cercanía de las zonas naturales hacen más accesible si cabe la posibilidad de aprender disfrutando de la naturaleza, a la vez que se conciencia a los más pequeños de la vital importancia de estos espacios.
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