Fochas en celo, gaviotas oportunistas y otras aves en Cullera
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Durante este principio de mes estoy acudiendo de manera bastante regular a Cullera, dejando un poco de lado el marjal de Sueca que, por otra parte, ya se encuentra bastante seco y que ahora mismo está a punto de verse sometido a Les Càbiles, una semana entera en la que los vedats de pago quedan abiertos y disponibles para todos los cazadores de manera ininterrumpida desde mañana lunes hasta el próximo domingo. El encuentro con los reyezuelos sencillos (Regulus regulus) y la llegada de las serretas grandes (Mergus merganser) han hecho que mi frecuencia de visitas a la ciudad vecina haya aumentado.
Precisamente fue la búsqueda de estas últimas la que más tiempo hizo que recorriese los paisajes de Cullera, Fueron cuatro visitas y sólo en una de ellas me encontré con estas anátidas buceadoras, que tienen una curiosa costumbre de volver al mismo sitio, pero determinar cuándo es cuestión de suerte. Mientras tanto, otras aves no menos interesantes fueron observadas en el término municipal cullerot.
El lunes, tras el intento frustrado con las serretas, me dirigía al Cabeçol a probar una vieja cuenta pendiente, que era fotografiar a los mitos (Aegithalos caudatus) de la manera más decente posible. Fue conseguido, aunque no dudo que repetiré otro día, sea la época que sea, pues estas aves se encuentran allí todo el año, así que no hay prisa. La anécdota fue que las voces de los mitos y mosquiteros que se asomaban curiosos provocaron la aparición de un ave algo inesperada, un gavilán (Accipiter nisus) que se lanzó entre los árboles en busca de los pajarillos. No se trata de un invernante muy habitual aunque parece que este año el frío en algunas regiones ha movido a más aves de lo habitual.
El miércoles por la tarde, después de otra visita a la bahía de Cullera sin el esperado resultado, me detuve a observar a las gaviotas que volaban y nadaban cerca de las playas. Cuando a últimas horas de la tarde las barcas pesqueras volvían al puerto fluvial de Cullera, me llamaron la atención unas pocas gaviotas de tamaño pequeño y totalmente blancas por debajo. No caí hasta que las observé con los prismáticos en que eran gaviotas cabecinegras (Larus melanocephalus), una especie no demasiado abundante por aquí y que hasta ahora sólo las veía en invierno cuando éste se encontraba en su recta final, con las aves ya vestidas con su muda nupcial característica, esto es, con la cabeza negra que les da su nombre. No había demasiadas, y a poco que las barcas entraban unos cientos de metros en el río, daban media vuelta y volvían hacia el mar.
Sus parientes cercanas las gaviotas de Audouin (Larus audouinii) las superaban en número. En esta época ya empiezan a hacerse frecuentes en el mar y dentro de poco lo serán en el marjal, que además pasará por un fangueo masivo de los vedats actualmente inundados, lo que les proporcionará recursos alimentarios. Al anochecer encontré algunos grupos descansando en las playas del Marenyet y del Estany, donde localicé a varios individuos con las anillas de lectura blancas provenientes del Delta de l'Ebre y además a una con anillas de colores, presumiblemente del programa que tiene la Estación Biológica de Doñana y de cuya respuesta estoy a la espera. De entre todos los ejemplares sólo vi a un segundo invierno, sin el característico pico rojo de los adultos.
Otra especie llamativa que lleva unos días por Cullera es un pequeño zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis) que se encuentra pescando pegado a la escollera de la margen derecha (esto es, al sur) de la desembocadura del Xúquer. Los podicipediformes no tienen problema en combinar la pesca fluvial con la marítima, por lo que no es raro verlos en el mar de vez en cuando.
Hubo una observación que me dejó con dudas y que debería haber intentado fotografiar. Tras guardar la cámara con el paso de la última barca por la desembocadura, un ave con todas las características de una anátida (cuerpo robusto, cuello largo y vuelo con potentes aleteos) y de color claro pasó volando a pocos metros de la costa. Con los prismáticos no pude ver más de lo que describo, con una foto quizá hubiera podido llegar a una conclusión al llegar a casa. Mi apuesta es que se trataba o bien de un somormujo (Podiceps cristatus) o bien de una serreta mediana (Mergus serrator) como la que observaría al día siguiente junto a las serretas grandes.
El viernes pretendí repetir la hazaña del jueves, día que por fin observé a las serretas, pero no hubo suerte. Me pasé dos veces por la bahía, ida y vuelta, a las 8 y a las 10 de la mañana más o menos, y nada, salvo un pequeño grupo de pardelas baleares (Puffinus mauretanicus) de no más de 50 individuos que se dirigía hacia el norte con el sol todavía despuntando por el horizonte. En un intento de relocalización me dirigí a otras playas con escolleras e incluso unos cuantos metros adentro del Estany. Nada allí tampoco salvo las aves de siempre. Este año ni siquiera me he encontrado con algunos de los charranes patinegros (Sterna sandvicensis) posados en las estacas de la laguna como en otras ocasiones, aunque sí están presentes en el mar, donde se les observa con relativa facilidad.
Las fochas (Fulica atra) por estas fechas ya han empezado su celo, y prueba de ella eran los apasionados combates que los machos mantenían en l'Estany, inmersos en lo suyo y ajenos a los cercanos pescadores que con sus botes empiezan su actividad por las mañanas. Los rálidos son de las aves que más pronto empiezan a criar en nuestra región, junto a garzas y somormujos, y de los que más alargan su periodo de cría, con puestas en fechas tan lejanas como septiembre.
Les acompañaban en la laguna las sempiternas gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus), un buen número de cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo sinensis) y unas escandalosas gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) que no paraban de dar pasadas emitiendo gritos. Y cómo no, los ánades reales semisalvajes y las pollas de agua.
Un asunto destacable de estos días ha sido el calor que ha hecho, superando los 20ºC todos los días, lo que hacen que en ocasiones la pesada ropa invernal resulte un estorbo. Hoy ya parece que la cosa va declinando, pero hemos disfrutado de unos días dignos de la primavera, algo que seguramente haya sorprendido gratamente a los turistas en Cullera, que ya en estas fechas empiezan a aparecer a juzgar por el número de autocaravanas francesas y alemanas presentes en Sant Antoni.
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