Barro y ranúnculos
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Esta es la primera semana en la que, por fin, el invierno en l'Albufera se libera de la presión cinegética y da paso al acondicionamiento de los arrozales para dejarlos, demasiado pronto, con el barro removido y listo para secarse hasta abril, fecha en la que volverá a ser roturada la tierra, esta vez en seco, y posteriormente arada para encarar la inundación y siembra anual. En estos días que nos ocupan, el ritmo de trabajo hace que un campo pueda albergar cientos de aves hoy y mañana estar totalmente desprovisto de vida.
En el Vedat de Sueca prácticamente ya no queda agua. Las extensiones otrora inundadas hasta el punto de necesitar barcas para desplazarse por ellas han quedado reducidas a barro húmedo, removido por tractores con ruedas especiales (gàbies) y atrayendo, de momento, a un buen número de gaviotas, eso sí, limitadas a sólo dos especies: la reidora (Chroicocephalus ridibundus) y la sombría (Larus fuscus), siendo la primera mucho más abundante, con diferencia. Se encuentran éstas, además, mudando a su plumaje reproductor, con la característica cabeza de un pardo oscurísimo, casi negro, así como un pico también negro. En esta época podemos también apreciar un ligero tono rosa salmón en su pecho, debido quizá a algún componente de su dieta.
Entre las limícolas, las últimas grandes concentraciones de avefría (Vanellus vanellus) se arremolinan en los arrozales ya fangueados, con los últimos (y ya escasos) chorlitos dorados europeos (Pluvialis apricaria). Pronto tomarán el relevo las agujas colinegras (Limosa limosa), con enormes concentraciones de varios cientos de ejemplares, miles incluso. Otras zancudas, como la garceta grande (Casmerodius albus) ultiman su visita invernal buscando comida en los campos encharcados.
Les acompañan en su periplo sólo los paseriformes que se atreven a andar por el barro, en especial los enormes bandos de estornino pinto (Sturnus vulgaris) que frecuentan l'Albufera en meses fríos. Las lavanderas y bisbitas disfrutan extrayendo larvas del sustrato húmedo, despensa habitual durante todo el invierno para estas pequeñas aves.
En arrozales que ya han quedado desecados, o en los caminos de tierra cubiertos de gramíneas, otro tipo de paserines hacen su papel en busca de pequeñas semillas. Abundan los gorriones, en especial el molinero (Passer montanus), especie menos abundante que el políglota gorrión común (Passer domesticus); los fringílidos se ven representados por casi todas las especies que es posible encontrar en esta región, abundando por encima de todos el pinzón vulgar (Fringilla coelebs). Otras aves granívoras como la paloma torcaz (Columba palumbus) y algunos bandos de paloma doméstica (Columba livia) se aventuran de vez en cuando por el marjal en busca de restos vegetales.
El pasado viernes día 4 pude observar, por fin y tras años saliendo en invierno por l'Albufera, un par de ejemplares de pinzón real (Fringilla montifringilla) mezclados entre un gran grupo de pinzones vulgares en un arrozal seco cercano a la Muntanyeta dels Sants. Primero localicé a una hembra, y posteriormente al precioso macho, con un tono naranja brillante y la cabeza oscura. Intenté relocalizarlos con el equipo de digiscoping, pero no sólo no lo logré, sino que además un gavilán (Accipiter nisus) se lanzó a la caza de estas granívoras y dispersó totalmente al grupo.
Cierro la entrada de hoy hablando no de un ave, sino de una planta, el ranúnculo acuático (Ranunculus peltatus), una de las últimas maravillas botánicas que nos ofrece l'Albufera. Esta planta semiacuática florece en estas fechas tan tempranas como las que nos ocupan, en campos de arroz inundados. Por desgracia, el rápido proceso de fangueo y desecado afecta también de manera negativa a estos vegetales, que cada vez tienen un futuro más turbio.
Ayer localicé una zona donde, por suerte, los ranúnculos podrán sobrellevar un poco mejor la presión agrícola. Se trata de la Finca de Marco, una zona del Malvinar (Sueca) que ya he mencionado en alguna ocasión en la cual unos cuantos campos de arroz han quedado abandonados. Esta zona no sufrirá los trabajos de los tractores, quedando intacta y reteniendo algo de agua hasta la primavera. Así pues, será uno de los pocos reductos donde podemos disfrutar, de momento, de un paisaje tapizado por estas bellas flores blancas.
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