Pinzones reales, unos invernantes muy discretos
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En estas primeras semanas del año, los bandos de pinzones empiezan a crecer, debido quizá a unos cuantos factores propicios que se juntan durante estos dos meses. Uno de ellos es que las irrupciones de frío continental empujan a las aves situadas más al norte, o a mayor altitud, a bajar a zonas más suaves. Una de esas zonas son los marjales y huertas de la Ribera Baixa y l'Albufera, y los arrozales desecados con multitud de semillas y larvas son un punto atractivo para fringílidos y gorriones, así como para lavanderas, bisbitas, alondras y cogujadas.
A su vez, los machos de pinzón empiezan a mostrar indicios de la librea nupcial, lo cual indica que su viaje de vuelta está cercano. Esta vez ocurrirá lo contrario: las bandadas situadas más al sur confluirán con nuestros invernantes en su camino de regreso a los cuarteles de cría. Poco a poco irán desapareciendo, y una vez llegada la primavera, no quedará ni un pinzón en esta región, pues no crían en ella.
Una de las atracciones de observar estos bandos de pinzón es la detección de pinzones reales (Fringilla montifringilla) entre ellos. No los había visto en vivo antes, pero lo he conseguido por fin este invierno, aunque me doy cuenta de que otros años quizá no presté la atención necesaria. El pasado viernes, y hoy, deteniéndome en sendos arrozales secos de El Ràfol (Sueca) y La Senyoría (Cullera) y observando detenidamente la multitud de pinzones que allí se alimentaban, he podido detectar ejemplares de ambos sexos.
El pinzón real es, seguramente, el fringílido invernante que nos visita desde más lejos. Crían en el lejano norte de Eurasia, siendo Fennoscandia, los estados bálticos y Rusia occidental su zona de reproducción mas cercana a nuestro país. La frecuencia de citas en nuestra región durante la invernada es relativamente baja, produciéndose desde finales de otoño hasta mediados de invierno, siempre en compañía de pinzones vulgares.
Se trata de un pinzón de tamaño idéntico al vulgar, pero llama la atención el tono naranja de su pecho, los flancos moteados y las partes inferiores blancas. El diseño de las alas es similar al de sus parientes, aunque con una banda central anaranjada y una superior de color blanco más patente en los machos. Éstos se diferencian también de las hembras en tener la cabeza negra, gris ceniza en invierno, mientras que ellas la tienen ligeramente parduzca.
La inquietud del bando mixto que he detectado hoy no me ha permitido mejores fotos que las que aparecen en la entrada. La del macho de pinzón real no me gusta nada, pero al menos ilustra de manera testimonial la cita. El bando de aves era grande, el campo de arroz sin fanguear (con los tallos secos y la paja aún sobre el suelo) grande igualmente, y los pinzones reales muy escasos. Probablemente sólo hubiesen dos machos y una hembra, y lo de los dos machos lo deduzco a partir de que uno ya tenía la cabeza casi completamente negra, mientras que el otro (en la foto) aún presentaba un color grisáceo.
Después de casi una hora intentando pillarlos, y de que se me escapase dos veces el macho en una pose ideal justo cuando iba a tirar la foto, he aceptado la derrota. No obstante, le quedaba menos batería a la cámara que paciencia a mí, aunque he acabado marchándome cuando el bando ha hecho la última espantada para no volver ya al campo, dispersándose por los naranjales cercanos. Queda poco invierno ya, así que quizá el pinzón real vaya a ocupar la plaza que dejó la lavandera cascadeña, otra especie a la que al fin le he pillado el truco, aunque de lejos más regular en sus sitios de invernada. El tiempo dirá.
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