Avanzando hacia la primavera
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Once días llevamos ya de marzo, y la llegada de la primavera se hace cada vez más patente. A pesar de que todavía quedan algunos visitantes invernales, como ratoneros (Buteo buteo), esmerejones (Falco columbarius) y algunas gaviotas y cormoranes, los primeros indicios del paso migratorio empiezan a hacerse patentes.
Los campos en proceso de roturado son un excelente punto de reunión para motacílidos: los últimos grandes bandos de lavandera blanca se mezclan con nuestras poblaciones residentes; los bisbitas comunes (Anthus pratensis) y alpinos (Anthus spinoletta) destacan en esta época por sus últimas concentraciones de importancia y por mostrar la librea reproductora en todo su esplendor. Destaca esto sobre todo en el bisbita ribereño alpino, que de un color pardo en invierno pasa a ser un llamativo pájaro con la cabeza gris, prominentes cejas claras y un pecho rosa salmón que contrasta con el marrón del dorso.
Las golondrinas y aviones siguen tanteando sus zonas de paso y nidificación, con todavía escasos efectivos en las áreas urbanas y rurales donde criarán. Aparte de en los azudes de Cullera y Sueca, estos días se vienen presentando en el perímetro de la Serra de les Raboses de Cullera, desde los descampados a los pies del monte hasta las partes de éste.
Precisamente hoy, con un tiempo que no acompaña en absoluto -cielo muy encapotado y lluvia a media mañana- he estado de nuevo en la parte más alta de Cullera. Las aves reproductoras de la zona están defendiendo ya sus territorios emitiendo sus cantos. He observado a las tarabillas comunes (Saxicola torquata), cuyos machos ya muestran la cabeza negrísima y sus parejas sin separarse ni un metro de ellos; las currucas cabecinegras (Sylvia melanocephala) y rabilargas (Sylvia undata) pululan por los bajos matorrales de todo el monte. Supongo que las rabilargas también anidan en la zona, aunque es una especie que he detectado hace poco debido a su comportamiento, ocultas en la densidad del matorral y desplazándose con vuelo bajo. No obstante, es perfectamente posible que la especie anide aquí, pues es su tipo de hábitat predilecto.
En el borde de la loma más alta, las cogujadas (Galerida cristata) también se dejaban ver y oír, y desde un barranco cercano a la urbanización Bonavista me llegaba el canto de un roquero solitario (Monticola solitarius). Poco después llegaría el contacto visual con esta especie, pues justo al bajar de nuevo hacia la ciudad, en unos de los chalets situados en el mismo camino del radar meteorológico he detectado a un macho que cantaba tranquilamente desde lo alto de una chimenea. Por el camino, como es habitual en invierno, una cantidad destacable de colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros) y petirrojos (Erithacus rubecula) se me cruzaban de la pared rocosa a la acera de la calzada de subida. También en la cima se pueden ver a los bisbitas comunes y algunos grupos de verdecillos.
Desde hace días, flores tan representativas de la primavera como la amapola (Papaver rhoeas) y el gamoncillo (Asphodelus fistulosus) tiñen de color campos y márgenes, mientras que en el matorral de monte son decenas las especies que muestran sus mejores galas. He de decir que no conozco el nombre de muchas de estas plantas, más allá de las típicas como la aliaga, el romero, la carrasca o la vara de San José, entre otras.
Sólo falta que las nubes nos den una tregua, y parece que no será todavía esta semana, para disfrutar de esta explosión de vida con una luz que resalte mejor el abanico de formas y colores que la primavera nos empieza a mostrar.
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