La llegada del buen tiempo y sus Déjà-vu
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Hoy por fin las nubes han dado una pequeña tregua a media mañana, con lo cual he salido con todas las ganas acumuladas al campo, casi repitiendo la misma ruta del último día: de casa a Cullera por el norte, y vuelta a Sueca por el sur. La única diferencia ha estado en que la primera parada ha sido en el Mareny de Sant Llorenç, pero pronto he retomado la ruta hacia lo alto de la Serra de les Raboses y continuado hacia las partidas arroceras situadas más al sur de Cullera.
Llegando a mi zona habitual del Dosel las distintas especies de aves allí presentes han empezado a hacer su acto de presentación. Una urraca huía desde lo alto de un poste a la vez que una abubilla abandonaba sus quehaceres en el camino, a la vez que un cernícalo vulgar se posaba en un árbol cercano. De repente, del margen del camino salía un zorzal común (Turdus philomelos), un invernante regular en la zona aunque no demasiado aficionado a eso de pasearse por el suelo.
Inmediatamente, y ya directamente sin buscarlos, me he encontrado con los dos bisbitas de Richard (Anthus richardi) buscando alimento en la vegetación bajo unos tímidos rayos de sol. A su vez, algún que otro colirrojo tizón y las parejas de tarabillas comunes habituales en la zona se dejaban ver en el herbazal. Algún que otro pardillo (Carduelis cannabina) sobrevolaba la zona de vez en cuando.
Entre la vegetación que cubre los campos abandonados, me he encontrado con el primer déjà-vu del día: en un rincón donde crecen yucas y adelfas se apiñaban un montón de currucas capirotadas (Sylvia atricapilla), un grupo migratorio que se ha detenido en esta zona durante su trayecto. La misma situación la observé el año pasado a partir del 1 de abril, y se prolongó durante varios días de ese mes.
La ruta ha continuado por los arrozales del Vedat de Cullera, donde la cantidad de bisbitas y lavanderas parece haberse dispersado respecto a días anteriores. Aquí he tenido otro déjà-vu, o mejor dicho, he caído en la misma confusión que el año pasado. Como el 1 de marzo de 2010, y exactamente en el mismo camino, un pájaro marrón con las rectrices externas y bordes de las alas blancos salía volando del borde del camino y se volvía a detener a los pocos metros, en silencio, cada vez que pasaba por su lado. De nuevo mi curiosidad no se ha visto saciada hasta ver al ave en cuestión con total claridad, y ha resultado ser el mismo pájaro que me llamó la atención hace un año: una simple alondra común (Alauda arvensis) que, sacada de la típica situación en la cual suelo verlas (en bandos y siempre cantando), me había costado de identificar a la primera. Aunque no sé por qué, ya me olía que sería lo mismo del año pasado.
Me he pasado por El Cabeçol, aunque sin bajarme a dar una vuelta (demasiado nublado todavía), y de camino a Cullera me he encontrado con una especie migradora que todavía no había tenido oportunidad de observar hasta ahora: el vencejo real (Apus melba), el más grande de los vencejos europeos, con más de medio metro de envergadura. Justo se encontraban sobrevolando la falda de la Serra de les Raboses y, como me dirigía hacia allí, me imaginaba que me los encontraría también desde allí arriba. Efectivamente, de vez en cuando 2-3 ejemplares daban sus pasadas de arriba a abajo, desde la zona de Bonavista hasta la cumbre, para dejarse caer luego por los barrancos de Ribera y Santa Marta. Me ha venido justo hacerles alguna foto, pues aunque vuelan de manera similar al resto de vencejos, sus idas y venidas no me daban demasiado margen.
Allá arriba cicleaba, plantándole cara al fortísimo viento imperante, un ejemplar de águila calzada (Aquila pennata) de fase oscura. Los cernícalos, más pequeños, hacían frente a las ráfagas de viento como buenamente podían en su ronda en busca de alimento. En los caminos asfaltados de la montaña predominan, todavía por estas fechas, los colirrojos tizones, en lo que me atrevería a decir que es el punto de mayor densidad de estas aves de todas las zonas de mi región que visito con asiduidad.
He cruzado por dentro de Cullera, donde ayer observé un buen montón de aviones roqueros que, sorprendentemente, se mezclaban en plena ciudad con las golondrinas y aviones comunes. Éstos últimos ya parecen empezar a repartirse por las zonas urbanas, casi seguro que ya con la intención de empezar con sus asuntos reproductores. También ayer, pero en Sueca, vi pasar sobre la ciudad unos cuantos vencejos; no conseguí distinguir la especie, y aunque creí que podría tratarse de los vencejos pálidos que anidan por aquí, después de un rato no conseguí ver más ejemplares. Habrá que seguir esperando.
El tramo final hacia casa lo he hecho por el marjal sur de Cullera. Aquí me he topado con el último de los déjà-vu de hoy: en el bancal de un camino me encontraba con un macho de collalba gris (Oenanthe oenanthe) bastante confiado, que se ha dejado fotografiar bastante bien. Aquí la coincidencia ha sido total con la fecha, pues el mismo 15 de marzo en 2010 observaba por primera vez en ese año a otro macho de la especie, además a unos cuatro kilómetros del sitio de hoy. Parece que el reloj interno de la especie está afinado con gran precisión.
La vuelta ha terminado con una vista rápida al Assut de Cullera, desde Fortaleny. Esperaba encontrar un bando de golondrinas de varias especies, pero no ha sido así. Posiblemente hayan aprovechado también el cese de las lluvias para continuar con su migración, o quizás gran parte de los ejemplares allí concentrados fuesen los mismos que ahora están repartidos por nuestros pueblos.
Hoy ha sido un día de reencuentros y primeras citas de aves primaverales, pero esto no ha hecho más que empezar. El paso de aves pequeñas, sobre todo paseriformes, es la actividad que colmará nuestras salidas al campo durante, por lo menos, los próximos dos meses.
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