Impulsos primaverales (II)
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Sigue avanzando la primavera y ahora mismo estamos en una época algo más floja en cuanto a paso prenupcial, aunque no por ello nos deja sin citas. Muchas paseriformes siguen su camino hacia el norte y otras tantas especies de aves, como las limícolas, hacen lo mismo. Algunas todavía tendrán que hacer un largo viaje hacia zonas nórdicas, mientras que otras, como las cigüeñuelas y los chorlitejos chicos, se quedarán aquí como reproductoras. Y es que estas dos especies, que ya llevan un tiempo por aquí, criarán en lugares tan expuestos como campos de arroz y zonas llanas del marjal. Los chorlitejos chicos, más pequeños, llevan ventaja: llegaron a principios-mediados de marzo y desde entonces llevan en celo, con sus vuelos nupciales. Las cigüeñuelas, en cambio, todavía están mudando a plumaje reproductor, y no será hasta la inundación del marjal cuando realmente empiecen a abundar.
Pronto llegarán los grandes grupos de archibebes comunes, y en menor medida, los archibebes claros. Hoy he visto uno, en un campo inundado y al parecer fangueado (toda una alegría para las limícolas) en Sollana, y le acompañaban varias cigüeñuelas, pagazas piconegras (también llegadas hace muy poco, y todavía escasas) y dos grupos de limícolas habituales en paso: combatientes y andarríos bastardos. Un solitario andarríos chico, un migrador muy corriente, completaba el cuadro. Poco después han llegado tres garcillas cangrejeras, las primeras que veo este año, y se han puesto a comer tranquilamente. En cuanto a aves no acuáticas, un grupo de 18 abejarucos ha cruzado a baja altura los campos (luego me encontraría con 11 más en el Ullal de Baldoví) y cerca de allí, un alcaudón meridional vigilaba desde su atalaya. Las cogujadas comunes, típicas de esta zona de marjal de interior, pululaban por doquier.
Hoy también he visto a un par de especies que ya el año pasado vi por estas fechas: una es el triguero (Miliaria calandra), observado en el Ullal de Baldoví, lugar donde ya lo vi el año pasado; a la espera de que este año vuelva a repetir como nidificante en la partida de Campanar, aunque me temo que el campo de naranjos abandonado donde supuestamente criaron ha sido arrancado. La otra especie que se estrena este año es la tarabilla norteña (Saxicola rubetra) y me ha permitido sacarle fotos a un ejemplar macho (había dos), no de tan cerca como quisiera pero más aceptable que la que conseguí el año pasado. Estaban en el Dosel, en el mismo campo donde han estado regularmente los bisbitas de Richard, que curiosamente hoy no estaban, dándome a pensar que quizá ya han decidido abandonarnos para volver al centro de Asia: la última cita, de dos ejemplares, todavía se produjo el pasado día 7. El día 1 vi a sus parientes, las que por ahora han sido los últimos bisbitas ribereños alpinos (Anthus spinoletta), ya con su plumaje nupcial prácticamente completo, en un arrozal abandonado del Mareny de Barraquetes.
También en el Dosel pude ver en estos pasados días un par más de especies de paseriformes interesantes: la curruca capirotada (Sylvia atricapilla), un migrante bastante moderado que ahora mismo podemos encontrar en multitud de hábitats. Si bien lo he detectado también en zonas tan dispares como la cima de la Serra de les Raboses (Cullera) o las huertas de Fortaleny, resulta interesante cómo en el Dosel las aves se han asentado en un campo con adelfas y yucas (éstas, exóticas introducidas, muy comunes en las playas de Cullera) y llevan allí desde al menos el primer día del mes. Por otra parte, en los cultivos en barbecho que hay en la zona de huerta del mismo Dosel, a medio camino entre el marjal arrocero y la playa, pude observar las ya regulares collalbas grises (Oenanthe oenanthe), que ya había visto otras dos veces más en el marjal seco de Cullera, y un ejemplar macho de collalba rubia (Oenanthe hispanica), que no había visto nunca y supuso una grata sorpresa. Todo ello, con los abejarucos de nuevo volando por encima.
En las orillas de l’Albufera, en los tancats de Paredes y El Campot, he podido observar a la buscarla unicolor (Locustella luscinioides), ave fácil de oír pero no tanto de ver (es la segunda vez que la veo) puesto que se mueve entre matas de vegetación palustres muy densas, aunque podemos tener la suerte de encontrarla si se encarama a una caña, como ha sido mi caso. No he podido hacerle fotos debido a que, cuando ya me disponía a sacar el equipo, ha aparecido un coche por detrás, con chavales que no parecían ir vestidos para ir al campo, que a lo visto se iban a pescar a l’Albufera (¿se puede pescar allí? ¿tendrían licencia? Ambas cosas las dudo, pero molestarme me han molestado bastante). Cuando he vuelto a mirar, la buscarla ya no estaba. La verdad es que no me ha hecho ninguna gracia perder la oportunidad de fotografiar a un ave tan esquiva en su medio natural, con la luz correcta (el sol de espaldas) y a
No me queda más que comparar citas con las del año pasado por estas fechas, y veo que algunas especies han sido extremadamente puntuales, apareciendo casi los mismos días que el año pasado: este es el caso del triguero y de la tarabilla norteña. ¿Quién me falta? Pues nada menos que el bisbita gorgirrojo (Anthus cervinus), que el año pasado pude ver ya el día 3 de abril, y que hoy, en una “expedición” casi dedicada a su búsqueda (por los marjales interiores de Sueca, Albalat, Algemesí y Sollana, y las zonas colindantes con la huerta) no ha habido suerte. Es un ave relativamente escasa y no sería raro que se me escapase este año, aunque no pierdo la esperanza. De momento, las últimas cuatro citas (dos por año, y siempre en primavera) apuntan a que suele hacer su desplazamiento por la zona interior del parque, desde la orilla oeste de l'Albufera (en término de Silla) hasta la partida de Campanar en Sueca (donde la ví yo el 3 de abril de 2009), pasando por la franja de marjal y huerta de Sollana.
Mientras tanto, en Cullera parece que otras aves se están retrasando. No he visto todavía vencejos comunes, aves relativamente abundantes en su casco urbano. Tampoco ha aparecido la “estrella” de la zona: el roquero solitario (Monticola solitarius), un túrdido de un llamativo color azul apagado y que vengo observando en el centro de Cullera desde 2008 (llegué a sacarle una foto desde la terraza, a pocos metros). Es habitual en las tardes de abril y mayo oír su canto, similar al de un mirlo pero menos trabajado, mientras el ave se encuentra posada en las antenas. Esperaré un poco más, raro sería que el ave hubiera abandonado la zona este año. Desconozco el número de ejemplares que había, pero a juzgar por la distancia del recorrido por donde le oía cantar, podríamos estar hablando de al menos 2-3 machos.
Esto todavía no ha hecho más que empezar. El paso prenupcial dura, si contamos a todas las especies que se mueven en estas fechas, casi hasta principios de junio, ¡y a finales de ese mismo mes ya hay aves haciendo el postnupcial! L’Albufera y su entorno es un no parar, no hay duda.
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