Escalas y llegadas
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Marzo está a punto de llegar a su fin, y con tantas especies de aves llegando a nuestra región y con las que todavía faltan por llegar, salir al campo más a menudo se hace más ameno. En estos dos días he dado un repaso por zonas no demasiado alejadas de casa y me he ido encontrando con nuevas llegadas, tanto especies de aves que se van a quedar con nosotros como otras que seguirán con su viaje. Ayer lunes estuve en Cullera, concretamente en El Cabeçol y la Bassa de Sant Llorenç, donde me llevé alguna que otra sorpresa.
Los primeros vencejos comunes (Apus apus) que observo en este paso prenupcial daban vueltas sobre el monte, siendo no más de diez individuos. Hizo falta alguna que otra foto testimonial para asegurar bien la identificación de la especie, pues también el vencejo pálido hace acto de presencia en esta zona y, por las fechas que son, deberían haber llegado ya. Este año parece que se atrasarán ligeramente, pues el año pasado en tal día como hoy ya habían llegado a sus colonias de Sueca y los estaba observando en gran número desde mi terraza.
Les acompañaban en el aire unas pocas golondrinas, y de entre ellas salió el trino propio de la golondrina dáurica (Cecropis daurica). Efectivamente, observando a las aves me percaté de que había un par de ejemplares por allí. Eso sería tan sólo una fracción de lo que vi poco después.
El resto del monte permanecía algo vacío, dejándose oír tan sólo los residentes de la zona: mitos, verdecillos, carboneros y las currucas cabecinegras y rabilargas, acompañados todos ellos de algunos mosquiteros comunes que aún permanecen en los pinos del lugar. Se echan en falta todavía las idas y venidas de las palomas torcaces, las abubillas y aves estivales como el alcaudón común y el papamoscas gris, que deben estar al caer. Sí se oían, sin embargo, los primeros cantos de curruca capirotada por la zona, proveniente de las huertas circundantes de la Bassa de Sant Llorenç.
En la zona baja del monte, en las pistas del antiguo campo de trial, una pareja de tarabillas comunes se dejaba ver posándose en ramas altas de los matorrales. No sé si se tratará de migrantes o de una pareja reproductora en esta cota, pues está visto ya que la especie sí cría en puntos más elevados de la Serra de les Raboses. Observé además un curioso comportamiento interespecífico efectuado por la curruca cabecinegra: cada vez que las tarabillas volaban de un matorral a otro, la curruca les seguía en un vuelo bajo posándose a menor altura entre el matorral, pero siempre a la vista. Exactamente lo mismo lo puede observar en una de mis últimas visitas a lo alto de la montaña de Cullera, sin verse nunca muestras de agresividad entre ambas especies. No se me ocurre a qué puede deberse.
Antes de abandonar la zona, me detuve en una de las orillas de la Bassa de Sant Llorenç. Allí, un grupo mixto de aviones comunes (Delichon urbicum) y aviones zapadores (Riparia riparia) se alimentaban sobre la laguna y su vegetación palustre. Entre ellos, se distinguían las largas colas bifurcadas de algunas golondrinas. Para mi sorpresa, resultó ser que todas las golondrinas, un número entre cuatro y diez ejemplares, eran golondrinas dáuricas. Esto me plantea bastantes dudas, pues parece ser que el año pasado la especie crió en la zona a juzgar por varias observaciones que hice de individuos de la especie recogiendo barro para sus nidos; con el paso de las semanas intentaré averiguar si lo que vi ayer era un grupo migratorio o si por el contrario pudiera tratarse de parejas integrantes de una pequeña colonia local. El tiempo dirá.
A la vuelta volví a pasar por Els Bassals, cerca del Mareny de Barraquetes. Los campos de arroz ya contaban con muy poca agua y el número de aves había descendido según especies: pocas limícolas (ocho archibebes comunes, dos archibebes oscuros y cinco combatientes), salvo algunas cigüeñuelas, y un pequeño grupo de pagazas piconegras, contrastaban sin embargo con las gaviotas de Audouin y un grupo bastante nutrido de gaviotas sombrías. A la salida, de regreso a casa, en el mismo camino me encontré un gran número de lavanderas boyeras de la subespecie centroeuropea (Motacilla flava flava), posiblemente más de medio centenar, acompañadas de unos pocos bisbitas y lavanderas blancas. La falta de luz por culpa de unas nubes que taparon el sol en sus últimos minutos de presencia, y la llegada de tres personas haciendo footing (no habrá más sitios en el mundo para practicar deporte que un camino embarrado perdido en medio del marjal) frustraron mis intentos de buscar algún ejemplar interesante entre las aves, que huyeron lejos de los márgenes del camino al detectar el peligro.
Hoy el tiempo también animaba a darse una vuelta en busca de aves. La ruta escogida ha sido desde los marjales interiores de Sueca y Albalat de la Ribera hasta Sollana, y vuelta por el mismo sitio para no alargarlo demasiado, aunque todavía he hecho la última parada en el Ullal de Baldoví. Nada interesante hasta llegar al Ullal de Senillera, en plena huerta de Albalat, donde ha llamado mi atención una urraca y luego un ave cuya voz no he podido identificar, y su silueta menos, pues ha salido volando y se ha perdido en la copa de un árbol a lo lejos. Puede que se tratase de un alcaudón común, por el tamaño de lo que he visto salir volando cuando oía dicho reclamo, y porque estas aves con su repertorio de silbidos e imitaciones en ocasiones pueden emitir algunos sonidos confusos.
De Albalat me he dirigido hacia Sollana por la ruta que toca parte del término de Algemesí, en los alrededores de la reserva de la Llacuna del Barranc. Nada a destacar por aquí, pues no ha sido hasta la llegada al marjal situado al norte de la mencionada reserva, ya en Sollana y en la partida del Plà de Dalt, donde las aves me han hecho detenerme de nuevo. He oído la voz de una lavandera boyera y he detectado unas cuantas, quizá no más de una docena, de nuevo todas pertenecientes a la subespecie flava. Después, he continuado por la zona de Trullàs, sin ninguna novedad tampoco, con la intención ya fijada de dirigirme a los campos de alcachofas en los que vi tantos pájaros el pasado sábado.
Una vez allí no me ha costado mucho volver a detectar a los trigueros (Miliaria calandra) y a las lavanderas boyeras de la zona, en este punto ya mostrando rasgos de la subespecie ibérica. Los trigueros se mostraban algo ariscos y volaban cuando veían moverse el coche. En uno de esos vuelos he llegado a contar 18 aves juntas, que sumado a las que se observaban todavía posadas en las plantas harían seguramente un total de 25 individuos, casi el doble de lo que calculé en mi anterior visita a la zona. Parece que le han cogido gusto a este campo.
La vuelta se ha hecho algo más aburrida al no toparme con ninguna especie interesante más, salvo un águila calzada (Aquila pennata) de morfo oscuro que he observado en vuelo cuando abandonaba los campos de hortalizas. Como todavía era pronto me he asomado al Ullal de Baldoví, donde tampoco había mucho que ver más allá de sus especies residentes y los visitantes de huertas cercanas que siempre pululan entre los árboles de la reserva, como los verderones y verdecillos. Aquí ha terminado la visita de hoy, y desde allí he vuelto a casa.
Todavía quedan bastantes cosas por ver. Parece que este año algunas especies llegarán un poco más tarde respecto al año pasado: faltan los vencejos pálidos, todavía no tengo constancia de que los abejarucos hayan empezado a cruzar sobre nuestra región y otras especies como alcaudones comunes, canasteras, charranes y otras limícolas han de seguir aumentando en número. La paciencia irá dando sus frutos en los próximos días.
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