El ritmo de abril
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Durante las últimas actualizaciones de la página, caí en la cuenta de que este mes de abril apenas tenía entradas dedicadas a la observación de campo; sólo había una dedicada a los limícolas. Y es que, en realidad, el mes se termina y apenas le he dedicado algún día a, como hiciera el año pasado, recorrer gran parte de l'Albufera desde Sueca y Sollana hacia la orilla sur de la laguna. El cada vez más elevado precio de la gasolina tiene su parte de culpa, y también el hecho de que, con los años, uno quiera ir “a lo seguro”; es decir, a pesar de que en los meses de abril de otros años haya observado bastantes aves, hay un gran porcentaje de horas muertas y de kilómetros y kilómetros recorridos entre los sequísimos arrozales sin encontrar nada. Por tanto, en este abril de 2011 estoy más concentrado entre Cullera y su monte y las jornadas de anillamiento en Silla, cuyo resultado es siempre más satisfactorio.
Durante el mes se han ido sucediendo las llegadas de varias especies, migradoras o nidificantes estivales, con todos sus contrastes temporales: algunas parecen adelantarse y otras, en cambio, atrasarse. Si para finales de marzo ya habían llegado especies como el triguero, la collalba gris o el avión zapador, otras especies han tardado un poco más respecto al pasado año. Por ejemplo, los vencejos comunes (Apus apus) no se han establecido hasta el fin de la primera quincena del mes; al papamoscas gris (Muscicapa striata) no lo vi hasta ayer en El Cabeçol, y la tarabilla norteña (Saxicola rubetra) se ha hecho de rogar, y aunque no la he visto todavía, ya tengo constancia de algunas citas. El pasado día 8 vimos también por primera vez este año a la terrera común (Calandrella brachydactyla).
En Cullera, parecen seguir establecidas más de una pareja de golondrinas dáuricas (Cecropis daurica), aunque el pasado domingo también observamos una pareja en Silla. Los vencejos pálidos (Apus pallidus) han aumentado hasta unos 24 individuos en Sueca, y en Cullera también se empiezan a observar algunos grupos. A principios de mes todavía observé pardillos (Carduelis cannabina) en lo alto de la montaña de Cullera, a la par que la cogujada común (Galerida cristata) lanza su canto desde el aire tanto aquí como en El Cabeçol. Las tarabillas comunes (Saxicola torquata) también cantan en lo alto de la Serra de les Raboses, y este año parece que también hay al menos una pareja en los matorrales del Cabeçol. Las tórtolas comunes (Streptopelia turtur) parecen ir llegando, mientras que sus parientes urbanas las tórtolas turcas (Streptopelia decaocto) deben estar ya incubando huevos.
En las pinadas y huertas de naranjos podemos escuchar a los dos grandes “tenores” primaverales: la curruca capirotada (Sylvia atricapilla) y el ruiseñor común (Luscinia megarhynchos). Desde las proximidades de la Serra de les Raboses también podemos oír al macho de roquero solitario (Monticola solitarius), al parecer habiendo un macho con preferencia por los árboles del cementerio y otro que, después de un año sin citas de este tipo, vuelve a pasearse por las antenas de los edificios situados entre el barrio de Santa Ana y la Diagonal.
Una de las “especies estrella” de Cullera, el bisbita de Richard (Anthus richardi) continúa presente estos días en El Dosel, terminando una larga invernada que se acerca ya al medio año de duración, contando desde la primera cita otoñal de la especie en la zona el 27 de octubre de 2010. Lo observé los pasados días 3, 12 y 20, con dos ejemplares el día 3 y sólo uno los siguientes. Su marcha es inminente, como la de sus congéneres los bisbitas comunes (Anthus pratensis) cuya última cita que obtuve data del día 14, y el bisbita ribereño alpino (Anthus spinoletta), del que no tengo observaciones desde el día 5.
Entre las garzas también hay idas y venidas. No veo a la garceta grande (Casmerodius albus) desde el día 2, aunque tengo constancia de que siguen habiendo ejemplares en el parque; el mismo día, Pedro y yo observábamos nuestra primera garza imperial (Ardea purpurea) del año, y este pasado domingo día 17 observé un par de garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides) en un campo encharcado cerca de la vía del tren en La Foia, Sollana. Me faltaría por ver al avetorillo, aunque sé que ya ha llegado al Ullal de Baldoví, una de sus zonas de cría habituales.
Las pagazas piconegras (Gelochelidon nilotica) también se dejan ver, y sólo la falta de agua en los arrozales limita su presencia. En los filtros verdes de l'Illa (Sueca) a principios de mes todavía se observaban en gran número ejemplares de gaviota sombría (Larus fuscus), muchos de ellos inmaduros, como también lo era una gaviota cabecinegra (Larus melanocephalus) de primer verano que se encontraba allí descansando. Mientras, sobre el agua, los fumareles cariblancos (Chlidonias hybrida), ya en plumaje nupcial, se lanzaban en picado en pos de arponear algo de alimento.
Poca cosa más que decir, aparte de que ya estamos disfrutando también de la presencia de las canasteras (Glareola pratincola) que van a tener la gran suerte este año de poder repetir en el Tancat de Milia (Sollana) la aventura de la reproducción, pues los encargados de la reserva han mantenido limpias las isletas. Emociona encontrarse con buenas noticias para las aves en un parque natural en el que da la sensación que todo parece hacerse “para quedar bien”, sin atención posterior.
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