El meridiano de la primavera
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Con mayo llegando ya a su ecuador y con unas temperaturas que ya empiezan a hacer nuestras salidas al aire libre más sofocantes, los observadores de aves empezamos a pasar página a la hora de buscar especies. Si hasta hace nada eran los migrantes quienes absorbían nuestra atención, los próximos dos meses serán el escenario de la reproducción de nuestras especies locales.
El ciclo de cría en nuestras aves estivales y residentes es extremadamente variable. Son éstas últimas, las sedentarias, las que más pronto crían. El invierno lo han pasado aquí, sin faltarles la comida, y han empezado a criar relativamente pronto. No es difícil ver jóvenes garzas reales (Ardea cinerea) campando a sus anchas a varios kilómetros de donde nacieron; los grupos de volantones de verdecillo (Serinus serinus) se reúnen a docenas en prados y cultivos en busca de granos para llenar el buche; los jilgueros (Carduelis carduelis), más discretos, siguen a uno de sus progenitores camino ya de independizarse totalmente. Mientras tanto, aves como la garza imperial, el charrancito o el vencejo pálido están todavía ultimando sus nidos.
Aún encontramos algunos migrantes y otros individuos de dudosa procedencia: la semana pasada, en el Ullal de Senillera (Albalat de la Ribera), observé un nutrido grupo de abejarucos europeos (Merops apiaster), que probablemente se dirigirían todavía a varios kilómetros al norte. Las poblaciones cercanas de esta ave, que cría ya en la Ribera Alta y a orillas del Turia, llegaron a estos emplazamientos hace un mes. No obstante, hace semanas que no deja de oírseles, volando a gran altura, atravesando los marjales del oeste de l'Albufera.
Otras migrantes observadas estos días han sido la oropéndola (Oriolus oriolus) en la Muntanyeta dels Sants; el alcotán (Falco subbuteo), el halcón peregrino (Falco peregrinus) y un nutrido grupo de abejeros europeos (Pernis apivorus) sobre el marjal de Silla; en otros puntos, todavía ejemplares tardíos de ratonero común (Buteo buteo), aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) y la frecuente culebrera europea (Circaetus gallicus).
Por otro lado, el pasado miércoles encontré en las praderas costeras del Dosel de Cullera un macho de zarcero común (Hippolais polyglotta) cantando insistentemente desde un cañar: no parecía importarle demasiado mi presencia, pues aunque se asustase y abandonase la caña desde la que cantaba, seguía afanado con su serenata aún escondiéndose. Llegó a expulsar a dos buitrones sin dejar igualmente de cantar. Este comportamiento territorial me hizo dudar sobre la posibilidad de que el ave esté criando allí, aunque esto no se podrá saber a menos que siga viéndoselo durante las próximas semanas. Aún así, puede darse el caso de que deje de cantar cuando su hembra tenga ya pollos en el nido, con lo cual habría que tener la suerte de localizar a los volantones.
En el Cabeçol tampoco encontramos ya especies de paso. Los reyezuelos listados (Regulus ignicapillus) lanzan su estridente silbido desde los pinos, desde donde los mitos, carboneros, verderones, verdecillos y algunos jilgueros les acompañan. Los más discretos pero confiados papamoscas grises (Muscicapa striata) también están presentes por los montes de Cullera. Desde lo alto de la Serra de les Raboses escuché cantar a las perdices rojas (Alectoris rufa), dato que me alegra pues no tenía constancia de la especie en este lugar desde 1997, aunque no dudo que el vacío de citas se debe a su poca expansión y mi falta de visitas a la zona en estas fechas.
También observé en la cumbre del monte al papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), cita algo tardía y que habría que seguir de cerca, pues se trata de una especie que tiene bastantes posibilidades de estar presente en la avifauna reproductora de esta región. Recordemos que las cercanas montañas de la Serra de Corbera, Les Agulles y el resto de cadenas montañosas del sur de la Ribera Alta y norte de La Safor albergan a muchas aves forestales y soteñas que bien fácil tendrían ocupar los matorrales de Cullera a raíz de la expansión de sus poblaciones.
El protagonismo de esta próxima semana se lo llevará, sin duda, la inundación de los marjales arroceros, que nos dejarán ver en su esplendor a reproductoras como gaviotas y garzas, y migrantes como los limícolas más tardíos. Este año la suelta de aguas se ha retrasado considerablemente respecto a los últimos 4 años, empezando a mediados de mes. Veamos el lado positivo: los arrozales seguirán teniendo agua cuando el paso postnupcial esté en su punto álgido. Siempre hay un motivo que valga la pena.
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