L'Albufera en su máxima extensión
| Notas naturales - Notas naturales |
Desde mediados de mes, algo tarde este año, los arrozales de l'Albufera han comenzado a llenarse para proceder a la siembra del cereal. Nuestras aves nidificantes se presentan ahora en todo su esplendor, observándolas en los marjales y áreas colindantes y mostrándose un tanto más confiadas al encontrarse en continua búsqueda de alimento para sus parejas o incluso pollos, así como defendiendo sus territorios.
Al haber empezado tan tarde la inundación, son ya pocas las especies migratorias que podemos encontrarnos en el marjal y la costa. Algunos de los últimos chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula), archibebes comunes (Tringa totanus) y archibebes claros (Tringa nebularia) pueden verse todavía estos días. Más normal será que nos encontremos con nuestras limícolas reproductoras: la cigüeñuela común y el chorlitejo chico son las más abundantes, y después de ellas tenemos a la avoceta, al chorlitejo patinegro -del que ya he observado un juvenil en El Dosel (Cullera)- y a la canastera común, cuyo comportamiento dista totalmente del de sus parientes, cazando insectos al vuelo como si de una golondrina se tratase.
Es tiempo también de ver a nuestras gaviotas y charranes. En los marjales encontramos a las gaviotas patiamarillas, a las de Audouin -que están atareadas con su colonia de cría en el Estany del Pujol-, las cabecinegras (con varios ejemplares de primer verano), las abundantes reidoras y las más escasas y estilizadas picofinas. Entre los charranes, en el marjal abundan la pagaza piconegra y el fumarel cariblanco, visitante numeroso aunque ausente como reproductor en l'Albufera, así como los últimos ejemplares en paso de fumarel común y el más raro fumarel aliblanco. Cerca del mar veremos a los charranes comunes pescando y volviendo a la colonia del Racó de l'Olla cargados de pececillos en sus picos, al igual que sus parientes más marítimos los charranes patinegros, que observamos con regularidad en las costas desde Valencia hasta Cullera.
En las huertas y cañares colindantes, las golondrinas y vencejos comunes cazan su comida al vuelo, mientras las cogujadas comunes buscan su sustento en los márgenes y bordes de los caminos. En zonas de vegetación densa, las lavanderas boyeras de dos subespecies -iberiae y cinereocapilla, más sus híbridos- se ocupan ya de sus nidos, de igual manera que otras aves palustres como los carriceros comunes y tordales, los buitrones, los ruiseñores bastardos y las buscarlas unicolores, más propias éstas de las matas más pegadas a la laguna de l'Albufera. El pasado domingo 22 todavía capturamos para anillamiento un carricerín común (Acrocephalus schoenobaenus), especie que no cría en España, con lo cual se trataría de uno de los últimos migrantes.
Los papamoscas grises se dejan ver por todas sus zonas de presencia habitual, desde los huertos cercanos a los arrozales hasta los montes de Cullera, incluso en los jardines de mi calle, donde han tardado tanto en hacer acto de presencia que creí que no aparecerían ya, achacándolo al desastre ocasionado con la poda de los árboles que se realizó hace unos meses, que los ha dejado sin apenas copa, bien por el exagerado despeje de ramas o bien por la cantidad de hojas que se han secado antes de desarrollarse, debido quizá a errores de los jardineros.
También es tiempo de garzas. Las garcetas y garcillas bueyeras lucen su librea nupcial en todo su esplendor, al igual que las garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides), especie de presencia estival. También podremos ver a la majestuosa garza imperial (Ardea purpurea), que parece escasear cada vez más. Por el momento, estos días he observado ejemplares solitarios en Cullera, Albalat de la Ribera y Sollana. Martinetes y garzas reales, éstas últimas ya con ejemplares nacidos este año, se muestran también de manera regular en el marjal.
En Cullera, traspasando el límite de los arrozales, se encuentran varias especies que, en teoría, parecen estar reproduciéndose en El Cabeçol. Se trata, en principio, del agateador común (Certhia brachydactyla) y el chochín (Troglodytes troglodytes). Estas dos especies son comunes en montes cercanos y no sería extraño que también anidasen en Cullera. A pesar de no tener datos de ellas durante las últimas primaveras, el agateador fue observado este invierno en la zona, mientras que del chochín contaba con algunas citas en las primaveras de 1998 y 2000, aunque en un bosque de la Serra de les Raboses cercano al Racó, en las instalaciones del Camping Santa Marta.
De vuelta al Dosel, en pos de averiguar si aquella cita reciente de zarcero común (Hippolais polyglotta) respondía todavía a un ejemplar en migración o a un posible reproductor, la respuesta que obtuve fue bastante positiva. Relocalicé no uno, sino tres machos en zonas bien alejadas entre sí, cantando sobre posaderos elevados. La zona comprendida entre las urbanizaciones situadas más al norte del Cap de Cullera y el Mareny de Sant Llorenç es una excelente llanura húmeda entremezclada con cultivos abandonados, repleta de una mezcla de vegetación propia de hábitats palustres, de prados y de zonas litorales. Junto a los zarceros se podían escuchar a parientes suyos no muy lejanos, como el carricero común y el ruiseñor bastardo.
Estos días ya nos alejan del ajetreo de la observación de aves migratorias, pero nos ofrecen un espectáculo sin igual si deseamos observar a nuestras aves estivales luciendo sus mejores galas. Además, Cullera me seguirá manteniendo atento en sus zonas menos antropizadas, donde seguiré la búsqueda de especies reproductoras que cuentan con pocos datos en lo respectivo a sus poblaciones reproductoras en el término de la ciudad costera.
| < Prev | Próximo > |
|---|










