Una nueva generación en el barrio
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La primavera está a punto de ceder su testigo al verano, y con ello muchas de las aves que empezaron su periodo reproductor en fechas tempranas empiezan a mostrarnos a sus jóvenes retoños. Obviamente, las especies residentes les llevan un tiempo de ventaja, en ocasiones de meses; así, desde abril hasta hoy ya he observado los primeros volantones de verdecillo, verderón común, jilguero, mirlo, lavandera blanca y gorrión común.
Ahora, empieza a tocar el turno a las aves estivales. Muchas y muy variadas especies se encuentran en este momento alimentando a sus pollos o viendo cómo éstos emprenden sus primeros vuelos, desde los charranes y gaviotas hasta las canasteras y chorlitejos. En la ciudad, parece ser que las primeras en saltar del nido han sido las golondrinas y otras aves de su familia, que también son las migratorias que más pronto llegan y se establecen en sus territorios de cría, a mediados de marzo.
Ayer, justo enfrente de mi casa, un grupo de golondrinas comunes, seguramente hermanas, revoloteaban y se posaban entre las ramas de los plátanos, algo que los adultos generalmente no suelen hacer, prefiriendo los cables y antenas. Por supuesto, en esta ocasión no quedaba más remedio y había un ejemplar adulto cuidando de la prole, posiblemente su padre a juzgar por la longitud de sus rectrices externas.
Es muy probable que sus parientes los aviones comunes también hayan visto ya a sus jovenzuelos saltar del nido, y más adelante les seguirán los vencejos pálidos, que a pesar de llegar a finales de marzo no empezaron a visitar sus nidos hasta mayo; también el papamoscas gris debe encontrarse atareado en estos instantes incubando o alimentando a unos pollos todavía jóvenes. Esta especie suele ser la última en llegar (casi a principios de mayo), y este año parece que no les da por pasarse por delante de mi casa, donde los he oído en pocas ocasiones y quizá no estén cómodos por la falta de frondosidad de los árboles tras la poda (¿desastrosa?) de este invierno.
En el campo, con mayor variedad de especies, el espectáculo de las primeras reuniones de jóvenes será también más extenso en el tiempo, pues a las concentraciones de aves nacidas en nuestro entorno se irán sumando las de aves que crían en zonas cercanas y llegan en busca de una mayor cantidad de comida disponible: fumareles, gaviotas y garzas sobre todo. Posteriormente, serán las limícolas migratorias y, un poco más tarde, los primeros paserines europeos que realizan su primer viaje a las cálidas regiones africanas que les sirven de refugio durante el invierno. Una vez más, el ciclo de la aparición de la siguiente generación se habrá completado.
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