Los vigilantes nocturnos de l'Albufera
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Observar rapaces nocturnas tiene su mayor dificultad en, obviamente, lo intempestivo de su horario de actividad. Sin conocer los posaderos habituales o zonas de presencia frecuente de estas aves, las citas fortuitas, como la de anoche que ilustra esta entrada, son muy ocasionales.
En l'Albufera, el número de rapaces nocturnas que se pueden observar e incluso que tienen una presencia prolongada es superior al de diurnas: así, son tres las que se reproducen en el Parc Natual o su entorno: el mochuelo (Athene noctua), el más pequeño y abundante, y de los pocos que también podemos ver de día; la lechuza común (Tyto alba), presente en zonas más interiores donde el marjal confluye con los naranjales y huertas -aunque la hemos detectado en el Ullal de Baldoví estos últimos inviernos-; y por último, el protagonista de la foto, el búho chico (Asio otus), que nidifica en la Devesa del Saler y que, por desgracia, hace patente su existencia por la cantidad de ejemplares atropellados que aparecen en la carretera que cruza este bosque costero.
En invierno, una nueva especie se suma a nuestra avifauna nocturna: el búho campestre (Asio flammeus), similar al búho chico aunque de mayor tamaño y con “cuernecillos” más pequeños. Su invernada es relativamente más corta que la de otras especies (noviembre-febrero) y se le encuentra en terrenos más abiertos, esto es, campando sobre las amplias extensiones de arrozal nada más caer la noche. En cuanto a especies exclusivamente migratorias tenemos sólo a una, el autillo (Otus scops), que cría en sotos y arboledas ribereñas no demasiado lejos de nuestra región.
Aún así, la cantidad de especies distintas de rapaces diurnas que podemos observar en l'Albufera suele ser superior a la de nocturnas, pero la inmensa mayoría sólo es visible durante los pasos migratorios; unas pocas pasan el invierno aquí, alimentándose mayoritariamente de la carroña que dejan otras aves invernantes y alguna que otra rata o pescado. Sin embargo, tan sólo una, el cernícalo vulgar, cría con éxito y es relativamente abundante. Las rapaces nocturnas están, por tanto, mejor situadas que las diurnas en el entorno del parque, pudiendo subsistir a lo largo de todo el año.
Ayer cuando volvíamos a casa de otra jornada de anillamiento de limícolas, Pedro detuvo su coche a la salida del camino del Tancat de La Ratlla. Al mirar hacia el campo vi lo que observaba: un espléndido ejemplar de búho chico posado sobre una caña de la que colgaba un CD (moderno “espantapájaros” que utilizan los agricultores hoy día y que tiene una efectividad nula) que aguantó un rato hasta detectar nuestra presencia. La noche y el poco potente flash de la cámara no me ayudaron demasiado, pero ahí queda la imagen testimonial. Era la primera vez que observaba a este cazador nocturno. A pocos metros de allí, una lechuza vigilaba también desde un poste. Sin duda son, junto a chotacabras, martinetes y por supuesto varias especies de murciélagos, los señores de la noche en l'Albufera.
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