La avifauna de Cullera a lo largo de la temporada (I): Descubriendo y redescubriendo
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A pesar de que no estamos en una fecha concluyente, ya que todavía faltan semanas, meses incluso, para que la migración postnupcial y la arribada de invernantes llegue a su fin, ya se puede sacar alguna conclusión y hacer un resumen sobre las aves que he ido observando en Cullera en el periodo comprendido entre el pasado otoño y este, épocas en las que he centrado algo más mi atención en la ciudad costera.
Cullera es interesante por muchos motivos. Posee una gran variedad de ecosistemas, siendo el punto álgido de estos su monte, aislado en plena llanura pero cercano a otras sierras litorales, lo que propicia que algunas especies que no podemos ver en el resto de las riberas del Xúquer o en los humedales de l'Albufera aparezcan aquí incluso en época de cría. También resultan interesantes sus costas, todavía con sistemas dunares, saladares y malladas que resisten a pesar de la tremenda antropización que sufre la zona. Destacan también sus humedales, como la Bassa de Sant Llorenç, l'Estany o Les Basses del Brosquil.
Este año, por distintos factores -el principal, la escalante subida de precio de los combustibles- me he acercado a la naturaleza de Cullera más que nunca, por su proximidad. He observado aves que hasta ahora nunca había detectado en primavera debido a las escasas visitas que hacía a la zona; otras, simplemente, no las he sabido identificar hasta tiempos recientes. Además, incluso me ha servido para acrecentar mi interés por la biodiversidad botánica y conocer el mundo vegetal como nunca antes lo había hecho, recogiendo todo ello en Flora de Cullera, el blog que abrí expresamente para ello.
Empezaríamos remontándonos al verano del año pasado, e incluso fechas anteriores, momentos en los que empecé a observar especies exclusivas para el término de Cullera. Así, el primero que llamó fuertemente mi atención fue el roquero solitario (Monticola solitarius) allá por 2008, cuyos machos tienen tal afición a cantar desde los edificios que podemos encontrarlos en pleno centro de la ciudad posados en las antenas. Esta especie cría en el monte, no lo abandona en todo el año y, por fin, en este 2011 he observado un grupo de ejemplares juveniles.
Parientes suyos, las tarabillas comunes (Saxicola torquata) también han colonizado el monte. El año pasado me sorprendía en pleno verano la observación de unas pocas parejas por los matorrales, llegando a observar poco después a sus crías. Este año parecen haber muchas más e incluso han llegado a aparecer de manera continua por las zonas bajas de El Cabeçol. En invierno se les suman los ejemplares invernantes y la población crece y se extiende a áreas más diversas.
Las golondrinas dáuricas (Cecropis daurica) han acaparado mi atención desde el año pasado. Fue entonces cuando observé unos pocos ejemplares en El Cabeçol en fechas posteriores a las últimas citas prenupciales en la región; seguidamente, durante el mes de mayo las encontré recogiendo barro en unos charcos del monte. Ya no volví a saber más de ellas, pero la sospecha de que hubieran anidado cerca de allí era grande. Este año la historia se repitió, las observaciones fueron más frecuentes y las citas se alargaron hasta junio, con al menos dos parejas, y ya en agosto observé por primera vez a los adultos acompañados de ejemplares juveniles, muy probablemente nacidos allí.
Con la curruca rabilarga (Sylvia undata) la sensación fue agridulce. Es una especie que casaría perfectamente con el hábitat que encontramos en aquéllos montes, pero las citas cesaron el pasado 11 marzo, cuando observé a los últimos ejemplares en lo alto de la Serra de les Raboses. Presté atención a todas y cada una de las currucas que se me cruzaban en los matorrales durante los meses siguientes, pero en todos los casos se trataba de currucas cabecinegras (Sylvia melanocephala). Deduzco pues que la rabilarga tan sólo se presenta en invernada, quizá proveniente de zonas cercanas. No descartaría que en un futuro sucediese algo similar a lo ocurrido con las tarabillas, y un buen número de parejas decidieran establecerse en la región.
También en primavera, en lo alto de Les Raboses, pude escuchar el canto de la perdiz roja (Alectoris rufa). No había sabido nada de la especie en Cullera desde una observación nada menos que en 1997, en bancales de la zona oeste del monte. A pesar de que existen buenas poblaciones en la Devesa del Saler y los montes cercanos de la Serra de Corbera y aledaños, las citas en Cullera en principio son escasas.
Entre los vencejos, poco a poco he ido descubriendo que las dos especies, el común (Apus apus) y el pálido (Apus pallidus) conviven en la región, pero parece ser que el segundo es el más común. Actualmente ya han desaparecido casi del todo, aunque ayer domingo todavía escuché el grito de un vencejo pálido en el centro de Cullera.
Las que tienen un estatus todavía incierto son las urracas (Pica pica), aunque no descarto que estén criando, al menos en el área de la Bassa de Sant Llorenç, lugar donde no deja de escuchárselas durante todo el año pero con escasos contactos visuales, más frecuentes en zonas costeras como El Dosel-Mareny de Sant Llorenç. No cabe duda de que si tienen éxito, pronto se dejarán ver con mayor frecuencia. Sería, posiblemente, la primera cita de reproducción de un córvido en la Ribera Baixa, si bien es posible que en la zona más interior del término de Sollana esté ocurriendo lo mismo; dicha zona destaca por recoger en invierno los bandos de urracas más grandes de toda l'Albufera.
Finalmente, otro caso curioso ha sido el del zarcero común (Hippolais polyglotta). En julio de 2010 me encontré con un grupo de juveniles en El Cabeçol y deduje que no podían venir de muy lejos. No he tenido contacto con la especie en esta zona -aunque he estado bastante ausente de ella en verano- pero sin embargo la he observado hasta en cuatro ocasiones distintas en épocas potencialmente posteriores a la migración prenupcial. La primera de estas ocasiones se dio cita el 11 de mayo, con un macho cantando insistentemente e incluso expulsando a otros pájaros en un pequeño cañaveral costero del Dosel. Cinco días después, y algo más al sur, contabilicé hasta tres machos cantando en puntos distintos. Una cita aislada más se produjo en lo alto de la cumbre de la Serra de les Raboses el 27 de mayo, y la última aconteció en un cañaveral de Les Basses del Brosquil el día 10 de junio, única ocasión en la que fue observado a pesar de mis frecuentes visitas a la zona. Juntando estas citas tardías con la de jóvenes aquel julio de 2011 cabría la posibilidad de que también forme parte de las especies reproductoras de Cullera.
Esta es una visión generalizada de algunas de las citas relevantes en el territorio de Cullera en estos últimos tiempos. En la próxima entrada se hablará específicamente de El Cabeçol y su entorno, quizá la zona con la mayor diversidad ornitológica de Cullera y poseedora de una comunidad de aves única en todo su territorio.
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