Chorlitos carambolos en l'Albufera
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La palabra “limícola” es un nombre genérico que se da a muchas especies de aves. Es una manera coloquial de referirse a unas cuantas familias del orden Charadriiformes: chorlitos, archibebes, cigüeñuelas y otros. Incluso se llama “limícola” a la canastera, que no se alimenta en los limos, pero cría exclusivamente en terrenos arenosos cercanos a masas de agua. Su alimentación se parece más a la de las golondrinas, cazando insectos en el aire.
Dentro de una misma familia pueden haber especies que no compartan en absoluto sus preferencias por el hábitat. Una de ellas es la que nos ocupa hoy, el chorlito carambolo (Charadrius morinellus), una especie que debido a sus costumbres, es difícil de ver en l'Albufera, donde sin embargo observamos otras cinco especies de chorlito con regularidad (dos de ellas además nidificantes). El chorlito carambolo es más frecuente en páramos y estepas durante la migración, y es raro que se detenga en huertas en barbecho en pleno humedal como en esta ocasión. De hecho, es la segunda cita reciente para l'Albufera desde 2004.
El año pasado ya fueron observados, y aunque fui la misma tarde en que me comunicaron la cita, ya no los encontré. Hace unos pocos días, me volvían a advertir de que habían sido observados allí de nuevo. El viernes, cuando pude acercarme, primero intenté localizar a un correlimos canelo en unos arrozales fangueados cercanos al melonar roturado donde estaban los chorlitos, entre las partidas de La Verola y El Borronar (Sollana). La búsqueda del canelo no tuvo resultados, así que me acerqué a la huerta, a apenas cien metros de distancia. No tardé mucho en divisar las cabecitas de pronunciadas cejas entre los montones de tierra. ¡Los carambolos seguían allí!
Se trataba de dos ejemplares juveniles que no paraban de ir de un lado para otro en busca de comida. La pega es que se encontraban a casi un centenar de metros de mí y no acortaban distancias, con lo que no pude más que obtener fotos testimoniales como la que ilustra la entrada. Estaban justo a la distancia en la que el telescopio apenas deja rango para enfocar, no había manera de mejorarlo. Las aves parecían bastante tranquilas y cómodas en ese terreno: tanto, que fueron espantadas por un cernícalo y apenas volaron veinte metros.
No obstante, me alegra poder añadir una especie más a mi lista de aves observadas, y más tratándose de un limícola poco usual en estas latitudes que, sin embargo, cría dentro del mismo rango de distribución que otros chorlitos más frecuentes. Se podría decir incluso que sus mayores poblaciones están cerca (hay incluso una en los Pirineos), si lo comparamos con rarezas habituales, como el correlimos pectoral y el canelo, que no fallan casi ningún año y vienen de mucho más lejos.
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