Invierno: aviones, rapaces y córvidos
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Ayer día 22 se producía el solsticio de invierno, que llega tras un otoño bastante atípico, condición que tampoco es que haya dado paso a la normalidad durante estos días. Tras una semana de vientos nórdicos, que propiciaron un enfriamiento algo más acorde para estas fechas (algún día por debajo de los 6ºC en Sueca), las temperaturas han vuelto a subir, quedándose en unos 10ºC de mínima y hasta 20 de máxima, valores similares a los que se dan, por ejemplo, hasta principios de noviembre o a partir de marzo en años más equilibrados.
Estas últimas semanas apenas he salido al campo, y las pocas visitas han sido breves, todas ellas a Cullera y puntos intermedios entre ésta localidad y la mía, Sueca. He realizado algunas observaciones curiosas, aunque el resto se han correspondido con citas típicas de las fechas, incluso algo tardías respecto a otros años. A todo eso hay que sumarle que apenas estoy saliendo hacia zonas que solía frecuentar todos los inviernos, generalmente hacia los marjales de Sueca, Albalat o Sollana, así que apenas me hago una idea de cómo estará yendo todo por allí, salvo por citas que puedo leer en la red o que me comunican mis compañeros.
Habría que decir que otro factor que ha hecho extraña esta temporada ha sido que el fangueo invernal ha empezado a hacerse ahora, a finales de diciembre, y según tengo entendido ha sido una modificación de última hora sobre la decisión que se había tomado, que al parecer consistía en dejar sin fanguear todo el marjal hasta que se vaciasen los vedats. De repente, se han dado cuenta que la vegetación espontánea está infestando los campos a un ritmo trepidante (lógico con estas temperaturas) y, a lo visto, se han dado cuenta que si se atrasa más, al material vegetal removido no le dará tiempo para pudrirse de manera óptima de aquí al secado total de los arrozales previo al roturado, arado y reinicio de la plantación del arroz.
Hablemos, ahora sí, de las citas ornitológicas más curiosas de esta semana. El pasado lunes, en la Serra de les Raboses, los aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris) daban pasadas en busca de insectos sobre las lomas más altas. Normalmente esta imagen ya es frecuente a mediados de noviembre, pero este año se ha atrasado considerablemente. La nota curiosa fue escuchar la voz del avión común (Delichon urbicum) entre los roqueros en una zona de barranco cercana al Camping Santa Marta. Efectivamente, al menos había dos ejemplares de esta especie típicamente transahariana entre los rústicos aviones roqueros. Parece que esta temporada se están produciendo citas de la especie con frecuencia; yo es la primera vez que los veo en estas fechas, pues suelen marcharse a mediados de octubre y vuelven a aparecer en la segunda mitad de febrero, aunque no se establecen en las colonias de cría hasta mediados de marzo.
La otra cita interesante ha tenido lugar hoy viernes, también en Cullera, en esta ocasión en la zona de transición entre el río, el marjal y los pequeños montes que colindan con éste. Al bajar del coche he distinguido no muy bien la silueta de una rapaz que cicleaba, que a priori y sin prestar mucha atención he atribuido al águila calzada (Aquila pennata), las cuales parecen estar siendo bastante frecuentes este año en la zona. Una rapaz menor se dejaba ver junto a la más grande, yendo y viniendo, y he supuesto que se trataría de un cernícalo, especie que suele acosar a las pequeñas águilas cuando merodean por su territorio. Sin embargo, al mirarla mejor he comprobado que la silueta no era de cernícalo. Al poner lentes de por medio he descubierto que, en realidad, la pequeña era el águila calzada. ¿Y la grande? Pues un buitre leonado (Gyps fulvus), nada menos.
Siendo una rapaz frecuente en España no es extraño que se dejen ver por aquí, pero suelen ser pocas las ocasiones en las que esto sucede. Siguiendo con la vista su lento y alto vuelo he visto hasta tres calzadas acompañándolo ocasionalmente; una de ellas ha llegado a bajar bastante y me ha permitido hacerle la foto que ilustra la entrada al principio. Posteriormente en El Cabeçol he visto a otra águila, que ha llegado a descender hasta el suelo, aunque ha vuelto a subir sin presa alguna. Parece que ha tenido más suerte la pícara urraca que se ha posado casi al lado de mi coche, que ha pasado luego volando con algo en el pico.
No es la primera vez que veo por aquí un buitre leonado: precisamente, el primero que vi en mi vida también fue en Cullera, un verano a principios de los noventa. Parecía tratarse de un ave que había perdido altura y se había visto obligada a posarse, y andaba por el borde de un camino en El Marenyet, una mañana de domingo en la que iba con la familia a la playa.
De vuelta a casa, los campos fangueados a la entrada sur de Sueca tienen como protagonistas a los de siempre: pequeñas garzas, gaviotas, montones de lavanderas blancas, algunos estorninos pintos y los ya típicos grupos de grajillas que han sabido aprovechar esta coyuntura para procurarse una pitanza fácil.
En las huertas de La Torreta, al sur de Sueca, un par de lavanderas cascadeñas aparecían al atardecer el lunes. En esta zona apenas hay acequias, y las que hay son muy pequeñas, pero ningún invierno faltan estas aves propias de los torrentes y riachuelos. Casi diría también que en este lugar las vi por primera vez en mi vida, hace ya muchos años. No las he visto hoy, sin embargo, en el Assut de Cullera, donde la corriente está por ahora detenida, con lo cual tampoco estaban los andarríos chicos, migrantes e invernantes que nunca faltan en este punto del río. Su pariente asiático el bisbita de Richard continúa, cómo no, en el Mareny de Sant Llorenç; mi ultimo contacto con la especie fue el pasado día 12.
En conclusión, creo que este invierno tendrá mayor interés a partir de su segunda mitad, cuando termine la caza, se reabran todos los caminos y empiece el fangueo de manera más masiva. Hasta ahora está resultando, por un lado, tranquilo en cuanto a observaciones, pero intenso en cuanto a anillamientos, con mayor volumen de capturas gracias a la nueva estación de esfuerzo constante del Tancat de Milia en Sollana, donde realizaremos una jornada más dentro de unas horas. Veremos si el viento y el frío nos han traído alguna sorpresa.
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