Resumen 2011, primera parte: Todavía queda mucho por descubrir
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Si pudiera hacer un resumen rápido de lo que ha representado este año para mi pasión por las aves, habría tres puntos: menos salidas al campo de las que hubiera querido, menos fotografías para el recuerdo, pero muchísimas alegrías en apartado del anillamiento. Y es por esto último por lo que sin duda alguna recordaré 2011 por mucho tiempo.
El año empezaba con visitas a Algimia de Almonacid, donde conocería por fin al impresionante picogordo (Coccothraustes coccothraustes), y a Cullera, donde tras varios intentos fallidos conseguía ver a las serretas grandes (Mergus merganser) y, de regalo, a la serreta mediana (Mergus serrator); además, descubría un núcleo de invernada de reyezuelos sencillos (Regulus regulus) en El Cabeçol. También allí conseguiría identificar poco después a la curruca rabilarga (Sylvia undata), que pasa el invierno en los montes de la zona.
En febrero por fin me encontraba cara a cara con la tímida agachadiza chica (Lymnocryptes minimus) -sólo la había visto volar fugazmente un año antes-, por partida doble en sendas jornadas de anillamiento en el Ullal de Baldoví; además conseguía ver al hermoso pinzón real (Fringilla montifringilla) en un par de ocasiones, en Sueca y en Cullera. Descubriría también, gracias al anillamiento, a la collalba negra (Oenanthe leucura), residente de los recónditos roquedos del interior de Teruel. Marzo traería de vuelta a viejos conocidos, como el vencejo pálido, la golondrina dáurica o el triguero; conseguía ver por fin al vencejo real (Apus melba) y encaraba con ilusión la primavera, una de las épocas más emocionantes para ver aves en mi región.
Llegaba abril y el aluvión de especies se incrementó. Vería mi primer y único correlimos pectoral del año, y conseguiría encontrarme con los dos mosquiteros que todavía me faltaban por ver: el ibérico (Phylloscopus ibericus) y el silbador (Phylloscopus sibilatrix), ambos de brillante colorido verde. Una cita excepcional en Sueca de siete bisbitas gorgirrojos (Anthus cervinus) anticipó la captura de dos ejemplares de la especie en Silla; también allí capturamos y vimos por primera vez al escaso carricerín cejudo (Acrocephalus paludicola). En Cullera, un año más, los bisbitas de Richard abandonaban su retiro invernal para volver a sus territorios de cría, mientras especies forestales como el chochín, el reyezuelo listado o el agateador común confirmaban su presencia.
Mayo y junio fueron relativamente tranquilos, con pocas aves nuevas que ver. Aún así hubo varias novedades, como la buscarla pintoja (Locustella naevia), una esquiva polluela chica (Porzana pusilla) que pudimos ver durante unos segundos o la multitud de aves esteparias en el centro de la provincia de Teruel. Asimismo, en junio conseguía ver por primera vez al cormorán moñudo mediterráneo (Phalacrocorax aristotelis desmarestii) en los acantilados de Cullera. Paralelamente, fueron dos meses de preparación intensa, pues me enfrentaba al examen de anillador, que superé con éxito; además, aprovechando las continuas visitas a Cullera empecé a familiarizarme con la vida vegetal de la zona y empecé un proyecto paralelo, Flora de Cullera.
Julio daba el pistoletazo de salida a las jornadas Calidris del verano, aunque ya habíamos realizado varias en primavera con buenos resultados. Llegaban como cada año grandes bandos de limícolas y larolimícolas, aunque se notaron carencias importantes: por ejemplo, fue un año particularmente flojo para el correlimos zarapitín. Observé de nuevo al archibebe fino y al fumarel aliblanco, y me quedé con las ganas de ver a un archibebe patigualdo chico que estuvo toda una semana en Sollana. En Cullera, realizaba mi primer encuentro estival con las golondrinas dáuricas, esta vez acompañadas de aves juveniles.
Agosto fue el mes de mayor ajetreo con los limícolas. Hubo recuperaciones de todos los países, así como las esperadas especies nuevas como el tarro blanco, el archibebe oscuro y, el protagonista por encima de todos, el fumarel aliblanco que capturábamos en el Tancat de Milia. A finales de mes conseguía ver en una noche clara al búho chico.
Septiembre estaría marcado por el inicio de la estación de esfuerzo constante de anillamiento en el Tancat de Milia. Las últimas jornadas Calidris las realizaríamos allí, y prácticamente todo mi contacto con l'Albufera hasta finales de año se ha producido allí y en Cullera. Se capturarían varias recuperaciones extranjeras más hasta sumar un total de 21, y especies tan interesantes como el calamón común, el pájaro moscón, una gran cantidad de martines pescadores y varios ejemplares de mosquitero común nórdico (Phylloscopus collybita abietinus). Allí conseguí ver también a la única garza europea que me quedaba por ver: el avetoro común.
En septiembre conseguía ver al chorlito carambolo (Charadrius morinellus) en Sollana, y en noviembre vería por primera vez al mosquitero bilistado (Phylloscopus inornatus), rareza que visita ocasionalmente nuestro país. También en este mes anotaba en mi lista de especie a la paloma zurita, en el mismo punto de Sollana que los chorlitos; nuevamente en noviembre se producia la tercera llegada consecutiva del bisbita de Richard a la zona del Mareny de Sant Llorenç en Cullera, y otro ejemplar se dejaba ver sobrevolando El Cabeçol. En octubre, además, estuve en una jornada de anillamiento en Teruel donde tuve la oportunidad de tener en mano al mirlo capiblanco, especie que había conocido allí justo un año antes.
Así pues, procedo a enumerar las especies nuevas que he observado este año, que ya van siendo menos que otros años aunque no es una cifra desdeñable: diecinueve. Como el año pasado, las separaré por regiones y marcaré con colores las que requieran algún comentario añadido:
En l'Albufera y la comarca de la Ribera Baixa:
Serreta grande (Mergus meganser), serreta mediana (Mergus serrator), curruca rabilarga (Sylvia undata), vencejo real (Apus melba), mosquitero ibérico (Phylloscopus ibericus), carricerín cejudo (Acrocephalus paludicola), mosquitero silbador (Phylloscopus sibilatrix), buscarla pintoja (Locustella naevia), polluela chica (Porzana pusilla), cormorán moñudo mediterráneo (Phalacrocorax aristotelis ssp. desmarestii), búho chico (Asio otus), chorlito carambolo (Charadrius morinellus), avetoro común (Botaurus stellaris), mosquitero bilistado (Phylloscopus inornatus), paloma zurita (Columba oenas).
Exclusivamente fuera de mi región:
Picogordo (Coccothraustes coccothraustes), collalba negra (Oenanthe leucura), calandria (Melanocorypha calandra), cogujada montesina (Galerida theklae), curruca tomillera (Sylvia conspicillata).
*En azul se marcan las aves que he conocido exclusivamente gracias a su captura para anillamiento.
Lo único negativo, aunque tampoco sea para tanto, es la disminución de salidas al campo que he hecho y la menor oportunidad de pasar buenos ratos fotografíando aves. En parte, es normal: en años anteriores hice muchísimas visitas a l'Albufera, lo que me valió para conocerla a fondo; no siempre eran salidas exitosas, pues muchas carecían de citas interesantes. Se podría decir, pues, que este año he empezado a “normalizar” mis salidas al campo. Por otro lado, pocas son las especies que quedan ya por fotografiar, añadiendo las limitaciones que pueda presentar mi equipo a la hora de tomar imágenes en según qué situaciones. Renovar gran parte de éste en un futuro próximo sería lo deseable, aunque de momento lo veo complicado.
Esta ha sido, a grandes rasgos, mi visión ornitológica del 2011. En la próxima entrada hablaré de mis experiencias con el anillamiento durante este año, que como se decía al principio, ha sido la mayor herramienta para el conocimiento de las aves que he tenido a lo largo de estos doce meses. No queda más que seguir con todos los sentidos puestos para vivir al máximo este 2012 y esperar que las novedades, sorpresas e ilusiones no dejen de sucederse.
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