Fochas morunas y calamones, resultados opuestos
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La situación de la focha moruna, o focha cornuda (Fulica cristata) en l'Albufera es bastante ambigua y delicada. Fue residente, autóctona, hasta mediados del siglo pasado. Después de ello desapareció en prácticamente toda la península y no fue hasta principios de la pasada década cuando se produjo su reaparición, eso sí, asistida. Se inició un programa de cría en cautividad a partir de aves procedentes de Marruecos, la población mediterránea más abundante para la especie y la más cercana genéticamente a las aves ibéricas, y el resultado fue exitoso. No parece que lo haya sido tanto el siguiente paso, esto es, la reintroducción en el hábitat. Y es que, claro está, l'Albufera actual no es la misma que la de principios del siglo XX.
Quizá no valga compararlo con la notable recuperación que ha experimentado su pariente, el calamón común (Porphyrio porphyrio), también reintroducido y, desde estos últimos años, en visible aumento. Allá donde haya vegetación palustre lo suficientemente densa y brotes tiernos -arroz incluido-, la vistosa ave azul llegará tarde o temprano. Ya no falta en ninguna mata de las orillas del lago, en las reservas próximas a éste o incluso en matas más lejanas como el Ullal de Baldoví, donde en 2009 apenas se veía uno o dos y ahora son bandos de varias decenas los que se refugian allí. Llega incluso a zonas tan pequeñas como el ullal existente en El Ràfol en Sueca o a Les Basses del Brosquil en Cullera, aunque curiosamente no ha sido detectado en la Bassa de Sant Llorenç, quizá por su ubicación entre roquedos y bancales de cítricos. No obstante, estoy seguro que el día menos pensando me los encontraré allí también.
Que los rálidos sean muy parecidos y compartan hábitat no implica que sean idénticos en todo, pues la clave está en el nicho que ocupan. Así, la polla de agua o gallineta común (Gallinula chloropus) es la más adaptable de todos: se podría decir que allá donde haya agua y vegetación ribereña, aparece. De hecho, es el único rálido que comparte absolutamente todos los hábitats que ocupan el resto de especies de su familia y, además, abunda en el río, en las acequias y en cualquier masa de agua dulce. Desde Albalat hasta Sueca no hay momento en el que uno se asome al río y no vea una; las vemos hasta en las acequias más cercanas a los núcleos urbanos, y casi hasta el mar en l'Estany de Cullera. Se podría decir, sin miedo a equivocarse, que es el ave acuática más exitosa de nuestra región. Por supuesto, su adaptabilidad viene dada en gran parte a su dieta omnívora.
Por otra parte, encontramos a la focha común (Fulica atra), que ha sufrido una regresión destacable. Es bastante escasa en toda l'Albufera y está ausente en el río y en casi todas las acequias y canales, apareciendo sólo en lugares con buena vegetación, sobre todo subacuática, de la que se alimenta en parte. A eso hay que añadir que prefiere zonas tranquilas que no estén sometidas a ningún tipo de presión, ni agrícola ni mucho menos cinegética. Son aves poco esquivas que toleran bastante bien la presencia humana si no se les molesta. Prueba de ello es la facilidad con la que las podemos observar en l'Estany de Cullera, uno de los lugares donde mejor le va a la especie. La restauración y creación de nuevas reservas en l'Albufera también está contribuyendo a su recuperación. Cuenta, además, con población invernante.
Los rálidos más pequeños son, a su vez, los más difíciles de detectar y, sus poblaciones, las más difíciles de estimar. El rascón (Rallus aquaticus) tiene a su favor su reclamo, que podremos escuchar allá donde se encuentren; verlo ya es más difícil. Vive inmerso en la maraña vegetal de zonas palustres amplias, al parecer durante todo el año en las orillas de l'Albufera, el ullal de Baldoví e incluso en la Bassa de Sant Llorenç. El hecho de que también haya población invernante desata más dudas acerca de cuál es el volumen y localización de sus poblaciones. Por último, sólo nos quedan las polluelas, con la polluela bastarda (Porzana parva) y la pintoja (Porzana porzana) exclusivamente como aves de paso, muy escasas, y la polluela chica (Porzana pusilla), de la cual hay indicios de reproducción dudosos. Cierto es que existen varias citas en abril, y algunas en mayo, con presencia prolongada durante semanas en algunos puntos. Eso sí, estamos hablando de un ave del tamaño de una codorniz y que sólo abandona la vegetación para alimentarse al borde de cañaverales y carrizales.
El futuro para la focha moruna de momento sigue igual de incierto, aunque actualmente existen mejoras importantes que no había hace diez años, cuando empezó el proyecto de reintroducción: hay reservas naturales con buena extensión, tranquilidad y lo más importante, agua limpia. Los problemas, los de siempre: caza abusiva en gran parte del territorio y un lago y canales todavía demasiado sucios, con lo que es difícil que las posibles aves nacidas en libertad tengan vía libre para expandirse. Esperemos que dentro de unos años, al menos, el número de individuos sin su característico collar de lectura, es decir, los hijos de las aves actuales, aumente exponencialmente y tengan la oportunidad de colonizar otros lugares lejos de la presión humana, aunque eso evidentemente no será a un ritmo tan bueno como el que ha mostrado su pariente el calamón.
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