Embarrados
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Febrero es el mes por excelencia del fangueo de los arrozales en l'Albufera. Si bien previamente ya se han realizado trabajos en zonas más altas del marjal -Albalat, Algemesí, el interior de Sollana y Sueca- o los arrozales de la zona de marjales del sur del Xúquer, fuera del parque, abarcando algunos años desde noviembre hasta enero, es a partir de finales de éste último mes cuando empiezan los trabajos de modo más masivo, ya que los grandes vedats de caza son drenados en ese momento.
Ahora mismo ya queda poco para el final, pues el fangueo se está realizando cerca de las orillas del lago y pronto terminará con los tractores rematando los términos de Catarroja, Albal y Silla. Hoy a la salida de la jornada de anillamiento en el Tancat de Milia me he dado una vuelta por el cercano tancat de El Fangar, límite norte de Sueca y uno de los últimos lugares de esta localidad que se fanguean. Por allí, nada fuera de lo común aunque como siempre resulta espectacular contemplar el número de aves que se concentran en los últimos campos fangueados, cosa que ya se presagiaba viendo los bandos variados que sobrevolaban el Tancat de Milia durante la mañana.
El grueso principal de los bandos los conforman las gaviotas reidoras, secundadas por las garcetas comunes y garcillas bueyeras; tras ellas, las gaviotas sombrías y las garzas reales. Ocasionalmente veremos algún grupo de moritos y garcetas grandes, cada vez más frecuentes en l'Albufera, y algún limícola. No ha sido hoy un día especialmente destacable para éstos últimos, pues sólo he visto un combatiente y algún andarríos grande entre los bandos. No he tenido suerte con las gaviotas, y es que parece que se me resisten, pues no he visto nunca más allá de las cinco especies típicas. Todavía no me he encontrado, por ejemplo, a la gaviota cana o a la argéntea, y no digamos ya a la gaviota de Delaware o a la cáspica. Algún año tocará.
En zonas más secas de Sollana (Les Basses, Tancat de Peret) y Sueca (Tancat de la Sardina, El Trompón) se acumulan, por fin y de manera excepcionalmente tardía este año, los grandes bandos de varios miles de avefrías. Normalmente estas concentraciones se producen ya a finales de noviembre, pero las temperaturas tan benignas de este año quizá propiciaron que las Vanellus no se planteasen seguir viajando hacia el sur hasta que irrumpió el frío siberiano hace un par de semanas. Tan sólo he visto un chorlito dorado mezclado entre ellas, y es el primero que veo en todo el invierno. No he recorrido los marjales ni una décima parte de lo que suelo hacer todos los inviernos, pero han habido tan pocos limícolas este año que ni tan sólo en mi camino de vuelta a casa por La Llonga y La Socarrada me he encontrado algún bando descansando, cuando otros años por estas zonas he visto bandos grandes de correlimos común, algunos chorlitejos grandes y algún ejemplar suelto de chorlito gris, entre otros. Curiosamente, este año hemos podido comprobar cómo algunos de los andarríos bastardos marcados con colores en verano permanecen todavía aquí, pasando el invierno.
También he estado en Cullera en las últimas semanas, pero el fangueo en su vedat dura un suspiro. Apenas termina la caza, ya en la propia semana de Càbiles, los tractores se apresuran a dejar los campos bien removidos y a vaciar el agua, dejándolos secos hasta mediados de mayo y provocando la desaparición de casi todas las aves acuáticas. Aún así, parece que las garcetas grandes se han aquerenciado por esta zona y aprovechan hasta que el barro se ha secado del todo; todavía conté unos 6-9 ejemplares en La Bassa Rasa a principios de semana. Por lo demás, sólo quedan aves pequeñas, incluyendo a la lavandera cascadeña -más propia de aguas corrientes, aquí es el único sitio donde las suelo ver en el barro como a sus otras dos parientes- y los ratoneros y aguiluchos laguneros, que estarán hasta abril.
El fangueo da de comer a una cantidad ingente de aves, pero es un proceso bastante efímero. En apenas una semana se remueven cientos de hectáreas de arrozal y la cantidad de aves, que va en función de la comida, puede desaparecer de un día para otro. Sólo los paseriformes seguirán aprovechando los campos embarrados hasta que queden secos del todo, prolongándose esto casi hasta abril; claro que, para esta fecha, las aves acuáticas más grandes también se han ido, pues su migración suele ser más temprana. Uno de los elementos clave a lo largo de todo el año, y más patente en el fangueo, es la presencia del cangrejo americano (Procambarus clarkii), un invasor que ha resultado totalmente dañino para los cangrejos endémicos y que causa problemas en las infraestructuras agrícolas, estropeando márgenes con sus galerías; sin embargo, su abundancia es como una bendición para las aves que lo devoran, que ven en él una fuente de alimento casi inagotable. En parte esta es una de las claves del éxito del morito, tan abundante en estos últimos años: las aves llegaron con el aumento poblacional natural que tuvo la especie, y la existencia de hábitat y comida hicieron que se quedaran con nosotros. Ahora es un invernante relativamente abundante y ya lleva dos años criando en el lago.
El próximo episodio sobre avifauna, uno de los más interesantes del año, está al caer. Pronto empezará la llegada de las paseriformes migratorias y algunos limícolas, algo que durará hasta principios de mayo. Encaramos esta época con la ilusión de siempre, pues la oportunidad de ver aves nuevas casi nunca defrauda: en mi caso, ésta suele ser la época en la que siempre me llevo alguna sorpresa en forma de especie que faltaba en mi lista.
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